Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar. (Lucas 5:15)
¿Por qué el Maestro tenía esta necesidad? ¿Qué le impulsaba a buscar esos tiempos con el Padre? Bien, Jesús, como cualquier ser humano precisaba de renovarse espiritualmente ante el desgaste que suponía su vida cotidiana dándose constantemente a los demás que le drenaban física, metal, emocional y espiritualmente. Esos momentos podían ayudarle a estar enfocado en su misión, a discernir sus prioridades, a evaluar su vida a la luz de lo que Dios, la vida y la gente precisaba de Él. Si para Jesús estos momentos eran claves y prioritarios ¿no deben serlo para nosotros?
Vivo en una de las calles más ruidosas de Barcelona, al lado del cuartel de la policía más grande de la ciudad. En el camino de salida hacia sus servicios de la base de bomberos principal de Barcelona y una de las salidas naturales desde la ciudad hacia las autopistas que la conectan con su entorno. Ruido, ruido y más ruido. Si me quedo en la forma -retirarme a un lugar solitario- no tiene ningún sentido para mí la imitación del Maestro. Si voy al fondo -pasar tiempo a solas con Dios para renovarme, evaluarme y discernir cómo vivir- entonces las cosas cambian porque creo que el lugar solitario es más un concepto que un espacio y cada uno de nosotros debe ser intencional en articular la posibilidad de pasar tiempo con Jesús, caminando por la calle, en el autobús, en el hogar, en el metro, desconectando la televisión, apagando el teléfono móvil...
La necesidad genera la oportunidad. Si tenemos necesidad de pasar tiempo con Dios estoy seguro, convencido de que encontraremos la posibilidad de llevarlo a cabo. Eso sí, no será posible sin esfuerzo.


