Venid conmigo. Haré de vosotros un nuevo tipo de pescadores. Os mostraré como pescar hombres y mujeres en vez de percas y róbalos. Ellos sin hacer preguntas soltaron las redes y le siguieron. (Marcos 1:18, El mensaje)
Todo indica que desde el principio Jesús pretendía hacer de su misión -establecer el Reino del Señor- una empresa comunitaria. Sus apóstoles fueron el embrión de lo que posteriormente sería la Iglesia, una comunidad multicultural, multirracial, multigeneracional. Una comunidad que continuaría con la misión de Dios de reconciliar todo el universo consigo mismo por medio de Cristo.
Veo dos implicaciones serias para nosotros los que hoy nos consideramos seguidores de Jesús. La primera, entender que no sólo somos salvados para ir al cielo; lo somos para unirnos a Jesús en la misión. El mismo llamado que recibieron los discípulos de Galilea sigue siendo válido para nosotros. Somos salvados para bendecir a otros de parte de Dios y podemos medir el sentido de nuestro discipulado en la medida en que otros reciben bendiciones de parte nuestra.
La segunda, el aspecto comunitario de la fe cristiana. Ciertamente Jesús establece una relación única y singular con cada uno de nosotros pero, siempre lo hace en un contexto de comunidad. Nuevamente, esos primeros seguidores, ese embrión de Iglesia fueron llamados a estar juntos con Jesús con una misión. Vivir la fe al margen de una comunidad es tal vez algo común hoy en día pero, para nada en línea con lo que Jesús tenía en mente. No existe tal cosa como una fe individual.


