...Jesús se había retirado para orar a solas. (Lucas 9:19)
Estar a solas con el Padre era algo habitual en Jesús. Podemos verlo una y otra vez en los relatos de los Evangelios. ¿Por qué el Maestro lo hacía? Creo que la respuesta es muy sencilla, era una necesidad. El desgaste de la vida ministerial lo demandaba. El discernimiento, la toma de decisiones, la formación de sus discípulos, etc. Todo ello imponía un ritmo en la vida de Jesús que exigía esos tiempo de renovación, recargar las baterías y volver a centrarse en su identidad y su misión. Si Jesús lo precisaba y de manera intencional lo buscaba, es ingenuo pensar que nosotros podemos sobrevivir en la jungla contemporánea sin espacios de renovación.
Porque la vida desgasta a cualquiera. No importa quién seas el día a día impone un precio que todos pagamos en términos de desgaste físico, mental, intelectual y, en muchas ocasiones, espiritual. Como sucede con la batería de tu móvil el uso de cada día va consumiendo la energía acumulada y, a menos que la recarguemos... pues todos sabemos lo que pasa. Es iluso y suicida afrontar la vida y sus demandas sin esos tiempos a solas con el Padre en los cuales nos podemos descargar de nuestras cargas, podemos renovar fuerzas por medio de la plenitud del Espíritu Santo y podemos enfocar de nuevo nuestra vida según los parámetros del Señor.
Vivimos en lo que se denomina la economía de la atención, un modelo en el cual la información es abundante y gratuita, por lo que la atención humana se convierte en el recurso más valioso y escaso. Los medios, las redes, tratan de captar tu atención para moldearte y venderte lo que desean, sean bienes o servicios, y nosotros continuamos con la miserable letanía de que no tenemos tiempo para Dios. Mentiras que nos contamos a nosotros mismo y que, naturalmente, desembocan en mala calidad de vida.
¿Qué relación puedes establecer entre tu calidad de vida y la presencia o ausencia de tiempos a solas con Dios?


