Jesús les contestó: Dadles de comer vosotros mismos. (Lucas 9:13)
Estas líneas corresponden al milagro de la alimentación de los cinco mil hombres, el único signo de Jesús recogido por los cuatro evangelistas. El Maestro, antes de intervenir, les pide un imposible, dar de comer a una multitud ingente ya que las cifras que se indican tan sólo se referían a los hombres sin contar ni mujeres ni tampoco niños. Ellos responden indicando los modestos recursos con los que cuentan: cinco panes y dos peces. Jesús lleva a cabo su milagro con los magros recursos existentes y las necesidades de las personas, como todos sabemos, son satisfechas.
Pasemos esto a tu realidad y la mía. Nos encontramos delante de un mundo roto lleno de necesidades de todo tipo, físicas, emocionales, mentales, sociales, culturales y, naturalmente, espirituales. Unas necesidades que son reales y que Dios quiere satisfacer pero, como colaboradores suyos que somos, nos invita a que lo hagamos nosotros. Es normal que nos sintamos como aquellos discípulos y pensemos que la tarea nos supera, va, no más allá de nuestras fuerzas, sino incluso de las de toda la sociedad.
Pero, podemos aprender de los discípulos que tuvieron la capacidad de presentar sus escasos recursos ante Jesús. Aquí está la lección para ti y para mí, no centrarnos en la inmensidad de la tarea -que nos llevará al desánimo- sino en presentar ante el Maestro lo que tenemos, los recursos a nuestra disposición del tipo que sean-. El resto, dejémoslo en sus manos. No nos centremos en aquello que no podemos hacer, no lo usemos como coartada para evitar hacer aquello que si podemos hacer.
¿Qué tengo hoy en mis manos que puedo poner al servicio de los demás, aunque me parezca insuficiente ante sus necesidades?


