Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
—Hageo 1:7 


Hace unos días comenzó la Cauresma, los cuarenta días previos a la Semana Santa o la Pascua. La Cuaresma no es un invento de la Iglesia Católica aunque, en la práctica, es la única confesión cristiana que en nuestro contexto cultural continua celebrándola. 


La Cuaresma es una práctica que estableció la iglesia primitiva y tenía un propósito que considero muy adecuado para el tiempo frenético que estamos viviendo, pararse, hacer un alto y reflexionar sobre la forma en que estamos viviendo, qué estilo de vida estamos llevando y cuán congruente es con el seguimiento de Jesús al que estamos llamados. 


Por eso quiero pedirte que, si lo deseas, me acompañes durante los próximos días en un viaje de meditación, reflexión y exploración de nuestro seguimiento del Maestro. Observando la forma en que vivimos, permitiendo que el Señor eche luz sobre la misma y cultivando un corazón dispuesto a llevar a cabo los cambios que sean necesa- rios como fruto de esa reflexión con el Señor. 


Por eso, el primer día, hecha esta pequeña introducción histórica y de comprensión del propósito, hemos de comenzar con la invitación que el Señor nos hace a meditar sobre nuestros caminos. Los caminos, en el lenguaje bíblico, son sinónimos de nuestro estilo de vida cotidiano. La invitación, pues, es a observar la forma en que vivimos, las prioridades que tenemos, los valores que sustentan nuestro proyecto vital y sopesar si están alinea- dos con lo que el Maestro de Nazaret espera de nosotros.


Pero para meditar hay que pararse y eso implica intencionalidad y voluntad por parte nuestra. Implica también estar dispuestos a romper resistencias, inercias fuertemente arraigadas en nosotros. No hay posibilitad de meditar sin un frenazo a nuestro estilo de vida y, si no queremos o no podemos, eso ya de por sí nos comienza a revelar cosas sobre nosotros mismos. Otra versión de la Biblia expresa de este modo la invitación cuaresmal del Señor: os digo que penséis bien en vuestra conducta.