Nadie acosado por la tentación tiene derecho a decir: "Es Dios quien me pone en trance de caer". Dios está fuera del alcance del mal y Él tampoco instiga a nadie al mal. (Santiago 1:13)

Vivir en el mundo como agentes de reconciliación y restauración no nos exime de la tentación ¡Bien lo sabemos!. Hay una tendencia humana a culpar a otros de nuestro pecado. Adán culpó a Eva. Esta a la serpiente. De hecho, si lo miramos bien, Adán culpa por elevación a Dios. Fue la mujer que me diste -yo nunca la pedí- por compañera la que me metió en semejante berenjenal.

Cuando Santiago -líder de la rama judía del cristianismo- está haciendo la afirmación de que nunca es Dios quien nos pone en trance de caer, está haciendo referencia a una corriente dentro del judaísmo que consideraba que Dios era el responsable de haber creado esa guerra cilvil interna en la que todos vivimos. El escritor de la carta ratifica la erroneidad de dicha creencia.

En definitiva, nos cuesta asumir nuestra propia responsabilidad personal. Nosotros somos los responsables, ni los demás, ni nuestra biografía, ni nuestras circunstancias. Todo eso puedo ayudarnos a entender pero, nunca justificar nuestra realidad. Santiago seguirá explicando la, por decirlo de alguna manera, la mecánica de la tentación.