Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina. (Proverbios 12:18)
La misión, como ya he comentado, consiste en bendecir al mundo de parte del Señor por medio de nuestras acciones y palabras. Hoy y mañana vamos a responder a la invitación cuaresmal reflexionando sobre el uso de nuestro lenguaje y en qué medida lo utilizamos para bendecir a otros.
Nuestras palabras, como dice el autor de Proverbios, pueden dañar o curar, hundir en la miseria o consolar, expresar desprecio o amor incondicional. Ya nos indicaba Santiago, el hermano de Jesús, el increíble poder que la lengua puede tener, cuán destructiva puede ser cuando la usamos de forma inadecuada.
La Cuaresma es simplemente observar desde el exterior nuestra propia vida, hacerlo con toda la objetividad que sea posible, hacerlo en compañía del Espíritu Santo y, naturalmente, actuar en base a lo observado. De lo contrario la reflexión cuaresmal se convierte en un mero ejercicio intelectual pero no espiritual.
¿Qué ves al analizar tu lenguaje? ¿Hiere o cura? ¿Para qué lo usas?

