puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:2)

De alguna manera alimentamos nuestra vida interior por medio de los ojos. El propio Jesús afirmó en Mateo 6:22: Los ojos son lámparas para el cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo en ti será luz. A través de los ojos alimentamos la lujuria, la envidia y la ambición insana. Nada de lo que entra por los ojos es neutral, o destruye o edifica. O moldea nuestra mente según los principios de nuestra sociedad o según los principios del Reino. 

El libro de Hebreos nos invita a que nuestra mirada esté puesta en Jesús. Para mí eso significa que lo pueda usar como un filtro que me ayude a discernir hacia donde va mirada, evitando aquello que no edifica mi vida y, al mismo tiempo, siendo intencional en buscar todo lo contrario, es decir, aquello que me edifica y me ayuda a parecerme más y más a Jesús.

La invitación de la Cuaresma para este día es tomar conciencia de cómo miramos y qué miramos, dónde están puestos nuestros ojos.