Esta es la religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre: asistir a los débiles y desvalidos en sus dificultades. (Santiago 1: 27)

El original griego habla de los huérfanos y las viudas que es la expresión que habitualmente usa el Antiguo Testamento para referirse a aquellos que no tienen quien los defienda, quien alce una voz por ellos. 

Santiago afirma que no podemos afirmar que somos espirituales cuando cerramos nuestros ojos ante las realidades que nos rodean, ante las necesidades de tantos y tantos en la sociedad en la que vivimos. Esto está totalmente alineado con lo que nos enseñó Jesus en su discurso de Mateo 25. La forma en que tratamos al prójimo y, especialmente, a los más vulnerables es equivalente a tratarlo a Él. Despreciar al vulnerable, ignorar sus necesidades es ignorar al propio Maestro.

Pero, al menos para mí, todavía resulta más inquietante el hecho de que mucha gente que no conoce a Jesús actúa más en línea con lo que Él enseña que aquellos que nos denominamos sus seguidores. Al final ¿quién agrada a Dios, el que conoce y no hace o el que hace sin conocer? ¿Dónde estás tú?