Acerquémonos, pues, llenos de confianza a ese trono de gracia, seguros de encontrar la misericordia y el favor divino en el momento preciso. (Hebreos 4:16)

Todos hemos pensado en más de una ocasión que no vale la pena compartir ciertas cosas con otras personas. Aveces porque no nos entenderán, no han pasado por lo que estamos pasando. Otras porque no podrán digerir la información o el estado en el que nos encontramos. Sería demasiado para ellas. Por una razón o por otra muchas cosas se viven en silencio porque no hay quien pueda entender o manejar lo que sentimos, vivimos o pensamos.

No así Jesús. Él, como ya indicaba anteriormente, ha estado en esas situaciones, en todas. Él comprende la dureza de la experiencia humana y, por tanto nos invita a que acerquemos a Él llenos de confianza. Confianza es la medida en que nos podemos sentir seguros con alguien. Nos invita a acercarnos a un trono que no es de juicio (los reyes en la antigüedad se sentaban en el trono para impartir justicia), antes bien, es de gracia y en ese trono no se recibe juicio, rechazo o condena. En ese trono se recibe gracias, misericordia y el favor divino.

Jesús es así. Dios es así. Por tanto, otras versiones de Jesús no pueden ser aceptables si entran en contradicción con el Maestro mostrado en las Escrituras. 

¿Qué implicaciones tiene eso para ti?