Sea el Señor refugio del oprimido, refugio en tiempo de angustia... El pobre no caerá para siempre en el olvido, ni se desvanecerá eternamente la esperanza del humilde. (Salmo 9:10 y 19)
Las lecturas sesgadas de las Escrituras siempre son peligrosas. Todos, sin excepción, nos acercamos a la Biblia con sesgo, es decir, con la tendencia a leer en ella lo que nuestro trasfondo teológico nos ha enseñado, el filtro que nos ha proporcionado. Esta es la razón por la cual de forma sistemática ignoramos o pasamos por alto ciertas verdades o afirmaciones que aparecen en la Palabra de Dios una y otra vez y que nuestros ojos parece que no quieren, no pueden o no tienen la capacidad de detectar.
No es difícil escuchar en nuestras iglesias sermones sobre la santidad de Dios y su exigencia de vidas santas. Tampoco es extraño cantar una y otra vez acerca de su santidad y su amor. Pero no es tan común oír predicar acerca de un Dios justo, que no soporta la injusticia, la pobreza, el juicio corrompido, la opresión política y económica por parte de los poderosos y que exige de su pueblo andar en justicia, luchar por ella promoverla y ser consecuentes con su carácter. Si es difícil escuchar este tipo de predicaciones aún lo es más el cantar canciones que nos confronten con la necesidad de ser justos y buscar la justicia para todo aquel que padece injusticia. Dudo que esos sesgos de nuestra fe agraden y honren al Dios justo.
¿De qué modo tu estilo de vida refleja la justicia de Dios?

