Jesús entonces, mirándolo con afecto le dijo: Una cosa te falta... (Lucas 10:21)
Esta entrada probablemente no es para ti, no refleja tu situación pero, es posible que refleje la de muchos de nosotros. Puede darse el caso que haya en nuestra vida -como la hubo en aquel muchacho rico que se encontró con Jesús- algo que bloquee un seguimiento coherente, maduro, consistente, comprometido con el Maestro.
Cuando eso se da nos encontramos en esa incómoda situación de estar nadando y guardando la ropa al mismo tiempo. Por usar el lenguaje bíblico, de no ser ni fríos ni calientes. De ninguna manera nos apartaríamos de Jesús y nos volveríamos, usando la jerga evangélica, "al mundo" pero, tampoco damos el paso de un compromiso más profundo, más definitivo que nos transforme y nos lleve a niveles que desconocemos y, tal vez por eso, tememos la tensión interna, la fricción que experimentamos.
Jesús ni fuerza ni forzará. Él nos deja a nuestra propia decisión, invitando permanentemente pero sin descargar su ira divina sobre nosotros. Sigue mirándonos con afecto y tal vez, de tanto en tanto, haciéndonos ver nuestra situación y las posibles alternativas. Para mí lo preocupante es que de tanto resistirnos al llamado de Jesús llegue un momento que nuestro corazón se endurezca de tal manera que ya no podamos responder.
Si Jesús te hablara y te mencionara esa cosa que tal vez te falte ¿Cuál sería?


