...haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio. (Lucas 6:35)

Jesús nos está diciendo que nuestras relaciones con los demás no pueden ni deben ser transaccionales, es decir, que hacemos algo porque esperamos un retorno a cambio de lo hecho. Cuando esto pasa las relaciones descienden al nivel de un negocio, de un "quid pro quo". El Maestro indica que no hay ningún mérito en hacer el bien si a cambio de ello esperamos un retorno. Eso, afirma Jesús, es lo que hace cualquier persona. Las expectativas  de Dios son mucho más elevadas. Desea que actuemos del mismo modo que Él lo hace, es decir, incondicionalmente, sin espera a cambio de su bendición nada en absoluto.

Es increíble la calidad que daría a nuestras relaciones el poder vivir de esta manera. Calidad y libertad porque hacer el bien se convertiría en nuestras manera natural de vivir motivada por la imitación de nuestro Padre. Eso generaría en nosotros el gozo de no sentirnos decepcionados porque nuestras expectativas transaccionales con otros no se han visto satisfecha. En los otros, el reconocimiento que nuestras relaciones no están motivadas por el interés sino por el amor.

¿Cuán transaccionales son tus relaciones? Examínate.