Así que, como dice la Escritura, si de algo hay que presumir que sea de lo que ha hecho el Señor. (1 Corintios 1:31)


Pablo indica en este pasaje de su carta que, no únicamente es absurdo cómo Dios nos ha salvado, por medio de la cruz de Jesús, sino que también lo es a quién ha escogido, ya que como afirma, entre nosotros no se encuentra lo que llamaríamos la flor y nata de la sociedad, antes al contrario, en sus propias palabras: "ha escogido lo sin importancia según el mundo, lo despreciable, lo que nada cuenta, para anular a los que piensan que son algo". 

Consecuentemente hemos de afirmar que hemos sido salvados no debido a lo que somos, pues ni a los ojos de la sociedad ni a los de Dios había dignidad en nosotros para merecer semejante privilegio, sino más bien a pesar de todo lo que no somos -sin importancia social- y de todo lo que somos -moralmente miserables a los ojos del Señor-. 

Si tenemos todo esto en cuenta llegamos a la conclusión de que no hay nada en nosotros que podamos usar para presumir o para despreciar o infravalorar a otros. Nuestro orgullo máximo, nuestro único motivo para sentirnos ufanos es el haber sido depositarios de la gracia de Jesús y eso, como bien sabemos, es totalmente inmerecido, no tiene ninguna relación con nuestros méritos o la falta absoluta de los mismos, es única y exclusivamente, un puro y mero regalo del Señor que, consecuentemente, deja de lado toda presunción y orgullo. 

Cuando sintamos la tentación de despreciar a alguien por lo que es o por aquello que no es, recordemos quiénes somos y cómo hemos sido salvados. Desaparecer de nosotros esa inclinación a sentirnos superiores, mejores que otros.


¿Qué significaría en tu realidad presumir de lo que ha hecho el Señor?



Así que, como dice la Escritura, si de algo hay que presumir que sea de lo que ha hecho el Señor. (1 Corintios 1:31)


Pablo indica en este pasaje de su carta que, no únicamente es absurdo cómo Dios nos ha salvado, por medio de la cruz de Jesús, sino que también lo es a quién ha escogido, ya que como afirma, entre nosotros no se encuentra lo que llamaríamos la flor y nata de la sociedad, antes al contrario, en sus propias palabras: "ha escogido lo sin importancia según el mundo, lo despreciable, lo que nada cuenta, para anular a los que piensan que son algo". 

Consecuentemente hemos de afirmar que hemos sido salvados no debido a lo que somos, pues ni a los ojos de la sociedad ni a los de Dios había dignidad en nosotros para merecer semejante privilegio, sino más bien a pesar de todo lo que no somos -sin importancia social- y de todo lo que somos -moralmente miserables a los ojos del Señor-. 

Si tenemos todo esto en cuenta llegamos a la conclusión de que no hay nada en nosotros que podamos usar para presumir o para despreciar o infravalorar a otros. Nuestro orgullo máximo, nuestro único motivo para sentirnos ufanos es el haber sido depositarios de la gracia de Jesús y eso, como bien sabemos, es totalmente inmerecido, no tiene ninguna relación con nuestros méritos o la falta absoluta de los mismos, es única y exclusivamente, un puro y mero regalo del Señor que, consecuentemente, deja de lado toda presunción y orgullo. 

Cuando sintamos la tentación de despreciar a alguien por lo que es o por aquello que no es, recordemos quiénes somos y cómo hemos sido salvados. Desaparecer de nosotros esa inclinación a sentirnos superiores, mejores que otros.


¿Qué significaría en tu realidad presumir de lo que ha hecho el Señor?



Así que, como dice la Escritura, si de algo hay que presumir que sea de lo que ha hecho el Señor. (1 Corintios 1:31)


Pablo indica en este pasaje de su carta que, no únicamente es absurdo cómo Dios nos ha salvado, por medio de la cruz de Jesús, sino que también lo es a quién ha escogido, ya que como afirma, entre nosotros no se encuentra lo que llamaríamos la flor y nata de la sociedad, antes al contrario, en sus propias palabras: "ha escogido lo sin importancia según el mundo, lo despreciable, lo que nada cuenta, para anular a los que piensan que son algo". 

Consecuentemente hemos de afirmar que hemos sido salvados no debido a lo que somos, pues ni a los ojos de la sociedad ni a los de Dios había dignidad en nosotros para merecer semejante privilegio, sino más bien a pesar de todo lo que no somos -sin importancia social- y de todo lo que somos -moralmente miserables a los ojos del Señor-. 

Si tenemos todo esto en cuenta llegamos a la conclusión de que no hay nada en nosotros que podamos usar para presumir o para despreciar o infravalorar a otros. Nuestro orgullo máximo, nuestro único motivo para sentirnos ufanos es el haber sido depositarios de la gracia de Jesús y eso, como bien sabemos, es totalmente inmerecido, no tiene ninguna relación con nuestros méritos o la falta absoluta de los mismos, es única y exclusivamente, un puro y mero regalo del Señor que, consecuentemente, deja de lado toda presunción y orgullo. 

Cuando sintamos la tentación de despreciar a alguien por lo que es o por aquello que no es, recordemos quiénes somos y cómo hemos sido salvados. Desaparecer de nosotros esa inclinación a sentirnos superiores, mejores que otros.


¿Qué significaría en tu realidad presumir de lo que ha hecho el Señor?