Pero se trata de que pongáis en práctica esa palabra y no simplemente que la oigáis, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)
No podemos ir al mundo como agentes de reconciliación y restauración sin la Palabra. Pero Santiago, como siempre, va un paso más allá y nos indica que la ortodoxia -la creencia correcta- no sirve para nada, absolutamente para nada... si no va acompañada de la ortopraxis, es decir la práctica correcta.
El sistema educativo de nuestras iglesias está enfocada, por lo general, a la ortodoxia. Somos buenos en ellos. La predicación y la enseñanza de la Biblia son puntos fuertes de la fe evangélica. Sin embargo, somos extremadamente débiles en la práctica. Asumimos -y eso es un craso error- que con el conocimiento correcto automáticamente vendrá la práctica correcta y, lamentablemente no es así. Nuestro sistema educativo carece de énfasis en lo práctico y rendición de cuentas para anclar el aprendizaje.
Santiago, además, advierte de que podemos llegar a vivir en un total autoengaño al creer que conocimiento equivale a sabiduría, carácter y madurez cristiana. Todos, tristemente, conocemos a muchas personas conocedoras de la Escritura pero que su carácter dista mucho de reflejar al Maestro. ¿Qué predomina en ti la ortodoxia o la ortopraxis?


