Padre. (Mateo 6:9)

Jesús nos enseñó que ante todo Dios es Padre. Esto automáticamente nos convierte a nosotros en hijos. Que el Maestro nos enseñara esta forma de ver, percibir, entender a Dios era algo totalmente revolucionario pues nunca había sido vista la relación con Él de esta manera. Piénsalo bien, Dios es tu Padre.

Pero, si nuestra figura paterna no ha sido la adecuada se hace difícil poder visualizar a Dios como nuestro padre. Padres ausentes, abusivos, violentos, indiferentes, adictos, etc., pueden hacer que carezcamos de referentes positivos acerca de la paternidad y, consecuentemente, se haga difícil visualizar a Dios como nuestro padre, incluso nos llegue a producir un rechazo. La paternidad, como todas las dimensiones de la vida, ha sido afectada por el pecado y también necesita ser redimida.

¿Qué podemos hacer cuando carecemos de ese referente? ¿Cómo podemos llenar de sentido positivo a Dios como padre? Se me ocurre que la misma Escritura nos da la solución a ello por medio de la parábola del hijo pródigo que encontramos en Lucas capítulo 15. Hay podemos encontrar a un padre que refleja el carácter del Dios a quien Jesús nos invita a llamar Padre. Un Dios que perdona pasando por alto la ofenda, que acoge al hijo en su realidad caída, que restaura, que celebra.

Entiendo el peso que nuestra biografía puede tener a la hora de acercarnos a Dios como padre pero, estoy seguro, que la meditación continua en la parábola nos puede ayudar a entender, no sólo las actitudes, sino también los sentimientos del Señor hacia nosotros.

¿Cómo son tus referentes de paternidad? ¿Cómo te afectan a la hora de percibir a Dios como tu Padre? ¿Cómo la parábola puede redimir tu imagen de paternidad?