En efecto, el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. (Lucas 19:9)
Jesús entra en casa de Zaqueo y automáticamente es juzgado por hacerlo. El Maestro es bien consciente de que, no al aceptar sino pedir hospitalidad en casa de alguien de mala reputación como lo era el jefe de los recaudadores de impuestos, ponía en tela de juicio su propia reputación a los ojos de los religiosos, los justos, los moralmente intachables.
A Jesús no le importa, nunca le ha importado lo que puedan pensar de Él. Tiene claro su propósito y entiende que esos son los riesgos a correr y los precios a pagar. Su relación con Zaqueo es una más en una serie de encuentros con personas que por su condición étnica, social, económica, política o religiosa son inaceptables a los ojos de gente "buena".
Es interesante que el Maestro no los describe como culpables sino como perdidos. Tendemos a acercarnos al pecado única y exclusivamente como una responsabilidad personal, como una elección de un camino alternativo al del Señor, pecamos porque queremos pecar. Y, si bien eso es cierto, no es la única descripción de la realidad porque también somos víctimas del pecado, esclavos del mismo y, consecuentemente, necesitamos que alguien nos libere, nos busque, nos encuentre, nos cure.
Así somos los seres humanos responsables y víctimas del pecado y me pregunto si no es necesario que recordemos esta doble condición para no sólo acercarnos al que no conoce a Dios desde el juicio -porque son responsables- sino también desde la compasión y la misericordia -porque son víctimas-. Si nos consideramos imitadores de Jesús no podemos ignorar y practicar esta doble vertiente.
¿Qué predomina en ti el juicio o la compasión? ¿Cómo ves a las personas que no conocen a Jesús, como víctimas o sólo como responsables por su pecado?


