Yo medité tratando de entenderlo y fue para mí una dura tarea, hasta que llegué al santuario de Dios y comprendí entonces su destino. (Salmo 72:16-17)
En la primera parte del Salmo Asaf describió la prosperidad de los injustos, su popularidad y su sentido de impunidad ante el Señor; el salmista llegó a plantearse si valía la pena una vida de honradez y santidad, si tenía sentido. En la segunda parte del poema se produce una inflexión importante; Asaf reconoce su incapacidad para entender las cosas desde una perspectiva puramente humana, simple y llanamente porque no tienen sentido, lógica ni razón.
Asaf genera un cambio en su perspectiva, un nuevo filtro para procesar la realidad y eso única y exclusivamente puede venir cuando uno acude a la presencia de Dios y comienza a percibir las cosas como Él las ve, comprende y mira a este mundo desde el ángulo, la vertiente, el prisma de la gran historia de Dios en la cual nosotros estamos inmersos y formamos parte.
Porque aunque parezca que el mal, la injusticia, la pobreza y la corrupción son omnipresentes y omnipotentes nosotros sabemos que la historia se mueve hacia un fin, un destino final, la llegada del Reino de Dios y que su voluntad sea hecha en esta tierra de la misma manera que se hace en estos momentos en el cielo. Por eso, los seguidores de Jesús hemos -en mi humilde opinión- de estar atentos a tres puntos: primero, nunca perder la perspectiva y, si esto sucede, como Asaf nos enseña, volver a la presencia del Señor para recobrarla. Segundo, orar, como nos enseñó el Maestro, que su Reino venga y, finalmente, colaborar activamente en la construcción del mismo.
¿Cuál de esos tres ingredientes te falta? ¿Qué harás para incorporarlo?


