HIJOS DE DIOS

Esta es una entrada agregada, escrita por Felix Ortiz en MIS PENSAMIENTOS.



¡Mirad que amor tan inmenso el del Padre, que nos proclama y hace ser hijos suyos! Si el mundo nos ignora es porque no conoce a Dios. (1 Juan 3:1)


Dios es mi Padre y yo soy su hijo. Esta relación paterno-filial se establece por medio de la adopción y es una iniciativa de Dios, quien lo hace no en base a nuestros méritos, sino a pesar de la total y absoluta falta de ellos. La base para la adopción es la gracia; no me merezco esa elevación al nivel de hijo y, por lo tanto, no tengo ningún motivo para sentirme orgulloso ni para despreciar a otros considerándome mejor que ellos. La adopción en la época greco-romana era muy diferente a la de nuestros días. En la actualidad trabajas con una institución que te asigna una criatura para que la adoptes. 

En los tiempo del Imperio Romano la adopción se llevaba a cabo, mayoritariamente, entre adultos y el adoptante escogía a aquel a quien quería adoptar; habitualmente por rasgos de carácter que lo hacían digno de pasar a formar parte de la familia original. Con nosotros se siguió un criterio totalmente opuesto, se nos escogió por nuestra total y absoluta falta de cualidades que nos hicieran dignos de ello. Nuevamente, todo fue un acto de pura gracia. Pablo le pone la guinda al pastel de este proceso de adopción al afirmar que por medio del mismo hemos sido constituidos herederos juntamente con Jesús.

Hete aquí pues que una cuadrilla de miserables -hablo de ti y de mí- hemos sido escogidos para formar parte de la familia real. Se nos ha sacado del fango y elevado a la categoría de hijos de Dios creador y sustentador del Universo. 


La adopción define tu identidad ¿Cómo la estás viviendo?