EN LO ÍNTIMO



Y tu Padre que ve en lo escondido. (Mateo 6:4,6 y 18)

En estos pasajes Jesús habla de tres pilares del judaísmo: la oración, la limosna y el ayuno. El Maestro no los cuestiona, lo que hace es poner en tela de juicio su práctica, y al hacerlo contrasta la religiosidad y la espiritualidad. La primera es la práctica pública de la fe. La segunda es la práctica privada y, sin menospreciar la otra, a los ojos del Señor esta es la que realmente cuenta. 

Porque una y otra vez en las Escrituras se nos recuerda que a Dios no le impresiona la práctica pública de la religión, sino la piedad del corazón. Lo que el Padre mira y hace escrutinio es del interior del ser humano, las motivaciones, las prioridades, los valores que rigen nuestras decisiones. La religiosidad pública tiene sentido si nace de una piedad privada, de lo contrario, carece de valor a los ojos de Dios. Mi auténtico yo no es el que se manifiesta o expresa en público, sino el que se comporta en lo privado, cuando no hay más espectador que el Señor.

Por eso, no hemos de equivocar nuestras prioridades. Cuidemos la devoción privada, la íntima, la escondida y ésta se ocupará de la pública sin ningún problema. Pero al revés, lamentablemente, no funciona.

¿Qué te caracteriza devoción privada o religiosidad pública?

 

PERSPECTIVA

 


Considero, por lo demás, que los sufrimientos presentes no tienen comparación con la gloria que un día se nos descubrirá. (Romanos 8:18)


Sufrimientos presentes y gloria venidera. Lo que somos y lo que aspiramos a ser. Nuestra realidad y a la que nos espera. Un mundo caído y un mundo restaurado. Génesis, donde todo se echó a perder y Apocalipsis, donde todo será restaurado.

El apóstol desarrollo el tema de la esperanza. Esta no es un consuelo para tontos ni un opio para conformistas. Es la certeza del cumplimiento de los planes del Señor en la macrohistoria y en mi microhistoria, y esto nos permite vivir con perspectiva, impide que el árbol nos dificulte la visión del bosque, que la realidad actual -bien real- nos impida ver la futura. La perspectiva rompe límites, amplía la visión, nos permite ver y vivir más allá de lo evidente. La perspectiva alimenta nuestra esperanza y, no olvidemos que la esperanza cristiana no es un brindis al sol sino una certeza todavía por realizarse en su plenitud.

 ¿De qué modo la perspectiva puede alimentar tu esperanza?

LO QUE LA VIDA PRODUCE



Por lo tanto, permitir que la naturaleza pecaminosa os controle la mente lleva a la muerte. Pero permitir que el Espíritu os controle la mente lleva a la vida y a la Paz. (Romanos 8:6)


Con demasiada frecuencia buscamos determinados resultados en nuestra vida, como por ejemplo, el gozo, la paz, la paciencia, el amor, las relaciones saludables, el sentido y propósito y un etcétera tan largo como ldeseemos. Dicho de otro modo, nos centramos en los resultados exteriores pero no pensamos en cuáles son las realidades vitales que los producen, que los hacen posibles. Lamentablemente, lo uno no es posible sin lo otro y, en el extraño caso en que podamos experimentarlo es brevemente porque no es posible sostenerlo en el tiempo. 

Pablo nos enseña a lo largo de toda la primera mitad del capítulo ocho que quien nos controla determina el tipo de fruto que produce nuestra vida. Cuando la observamos objetivamente desde el exterior y tomamos nota de esos frutos podemos plantearnos la pregunta: ¿Qué paradigma interno los genera? Porque no vamos a obtener frutos diferentes si no cambiamos el paradigma interno. Solo el fanático, como dice la popular frase, espera obtener frutos diferentes haciendo las mismas cosas.

La naturaleza pecaminosa solo puede producir muerte; muerte en el sentido más amplio de la expresión. El Espíritu solo puede producir vida, también en un sentido amplio.

¿Qué gobierna tu vida, qué frutos produce?
 

TENSIÓN INTERNA

 



Así que, concluyendo, por una parte mi razón me inclina a servir a Dios; por otra, mis desordenados apetitos me tienen esclavizado a la ley del pecado. (Romanos 7:25)

En todo el capítulo siete de su carta a los Romanos Pablo ha ido explicando la tensión interna que vivimos entre nuestro deseo de hacer el bien en obediencia a Dios y la realidad que, en muchas ocasiones, acabamos haciendo aquello que detestamos. 

En el versículo que encabeza esta entrada el apóstol hace un resumen de esa tensión. No creo que la use como una excusa que nos sirva de justificación cuando de forma intencional y premeditada deseamos desobedecer al Señor y colocarnos al margen de su voluntad. Pienso, más bien, que está describiendo la realidad de todos aquellos que deseamos sinceramente seguir a Jesús, pero nos damos cuenta que esa tensión permanece y nos encontramos a nosotros mismos sucumbiendo a la misma. 

Pero entiendo que vivir en esa tensión es el proceso de ir formando en nosotros poco a poco la imagen de Jesús. Esa tensión no existiría si ya hubiéramos decidido sucumbir al pecado y no preocuparnos por él. Tampoco existiría si ya fuéramos santos, cosa que como todos entendemos ni se ha dado ni se dará mientras vivamos esta vida presente. Por tanto, como nos enseña el mismo Pablo, olvidamos las caídas de ayer, nos levantamos y continuamos adelante hasta que llegue ese día en que, como dice el también apóstol Juan, seremos semejantes a Él.

¿Cómo vives esa tensión, cómo te afecta en tu relación con Dios?

DE Y PARA

 



Liberados del pecado, os habéis puesto al servicio del bien. (Romanos 6:6)

La salvación no es completa si solo enfatizamos el "de" y omitimos el "para".  En ocasiones, entendemos la salvación como haber sido liberados del pecado, de su influencia, de su condena, de sus consecuencias en nuestra relación personal con el Señor. Nos olvidamos que hemos sido rescatados con un propósito, con un sentido, con una intención, en definitiva, con un para que lo expresa con claridad y que Pablo lo pone de manifiesto en la segunda parte del capítulo seis de Romanos: para vivir al servicio de bien. 

Así pues, una manera práctica de vivirlo sería levantarnos cada mañana con una actitud de profunda gratitud por haber sido salvados del pecado y un deseo intencional de vivir para el bien, haciendo el bien, siendo agentes de restauración y reconciliación en un mundo roto allí, en los círculos de influencia donde Dios nos ha colocado.

¿Cómo llevas en tu vida el equilibrio entre el de y el para?

DECISIONES DIVERGENTES


Que no os siga dominando el pecado, aunque vuestro cuerpo sea mortal, no os sometáis a sus apetencias, ni os convirtáis en instrumentos del mal al servicio del pecado. Presentaos, más bien, ante Dios, como lo que sois: muertos retornados a la vida, y haced de vuestros cuerpos instrumentos del bien al servicio de Dios. No os dejéis dominar por el pecado, ya que no estáis bajo el yugo de la ley, sino bajo la acción de la gracia. (Romanos 6:13-14)

El argumento que desarrolla Pablo en este capítulo seis es impecable. Si hemos muerto con Cristo, el pecado ya no tiene poder sobre nosotros. Por tanto, ahora nosotros hemos de tomar la decisión si usamos nuestros cuerpo como instrumentos al servicio del bien o, por el contrario, al servicio del mal. Es una decisión que hemos de tomar de forma consciente e intencional día tras día, situación tras situación. Porque antes, éramos esclavos del pecado y no teníamos otra opción que obedecerlo. Ahora, si somos honestos con nosotros mismos reconoceremos que tenemos opciones y, lamentablemente, con demasiada frecuencia optamos la decisión de poner nuestros cuerpos al servicio del mal. 

¿Cómo puedes reforzar en tu vida el hábito de tomar la opción por el bien? ¿Qué te ayudaría?

 

ESCLAVOS POR PROPIA VOLUNTAD

 


¿Querrá todo esto decir que debemos seguir pecando para que se desborde la gracia? ¡De ningún modo! Quienes hemos muerto al pecado ¿cómo vamos a seguir viviendo sometidos a él? (Romanos 6:1-2)

En el capítulo cinco Pablo nos habló de cómo por medio de Jesús hemos sido liberados de la condenación que el pecado ejercía sobre nosotros. Este trajo como respuesta la gracia abundante del Señor sobre nuestras vidas. Alguien, avispadamente, podría pensar ¡Fabuloso, sigamos pecando, así experimentaremos más y más la gracia del Padre!

El apóstol indica que esa forma de argumentar es una falacia. El pecado ya no tiene autoridad sobre nosotros, no puede seguir obligándonos a obedecerle como hacía antes de conocer a Jesús. Entonces ¿por qué seguimos pecando? Hay varias respuestas. La primera, porque nos gusta pecar. El pecado siempre presenta un rostro agradable. Promete algo que no puede cumplir pero que se presenta seductor; consecuentemente, de forma voluntaria, nos sometemos a su influencia. La segunda, porque el pecado genera dependencia, adición y es posible que aunque de forma legal el pecado no tenga influencia sobre nosotros, en la práctica la tiene y solo con ayuda exterior podremos liberarnos de esa esclavitud práctica aunque no legal. Confesaos vuestros pecados los unos a los otros, indica Santiago, para que así seáis sanados.

En resumen, nosotros tenemos que decidir si nos prestamos a hacerle el juego al pecado o se lo hacemos a Dios, pero no afirmemos cuando pecamos que nos hemos visto obligados a ello.

EL NUEVO ADÁN



En resumen, si el delito de uno acarreo a todos la condena, así también la fidelidad de uno es para todos fuente de salvación y de vida. (Romanos 5:18)

En la segunda parte del capítulo 5 de su carta a los romanos Pablo compara a Jesús y Adán. Adán no estuvo a la altura de las expectativas. Escogió desobedecer a Dios, rebelarse contra Él y su autoridad (pecado) y, consecuentemente, como bien sabemos, el pecado entró en el mundo y con él la muerte. Tú y yo no somos el tipo de ser humano que el Señor tenía en mente cuando nos creó, somos el producto del pecado, de nuestro deseo de vivir al margen de Dios.

El Señor decide volver a la casilla de salida. Se hace como uno de nosotros, vive como uno de nosotros en la persona de Jesús. Este se convierte en el nuevo Adán. Y justamente, donde el otro Adán falló, Jesús da la talla. Él opta por la obediencia,  diciendo no al pecado y de este modo abriendo la salvación para todos nosotros. El primer Adán abrió el camino al pecado y la muerte. El segundo Adán, Jesús, abre el camino al perdón y la vida. 

Por eso, cuando miramos a Jesús vemos al ser humano que hubiéramos podido ser si el pecado no nos hubiera afectado. Al mismo tiempo vemos al ser humano que estamos en proceso de ser y que, como afirma el apóstol Pablo, un día seremos totalmente con Él.

¿De qué modo en tu vida cotidiana te vas pareciendo más y más a Él?

 

AMOR Y MIEDO

 Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios. (Romanos 5:10-11)

Ya no os llamaré siervos sino amigos. Está fue la afirmación de Jesús a sus discípulos que se hace extensible a todos nosotros. Por medio de su muerte y resurrección Jesús nos ha hecho amigos de Dios, tal y como afirma el apóstol Pablo, y, por tanto, nuestra relación con Él está basada en el amor, un amor que es demostrado con el sacrificio del Maestro cuando, por nuestra rebelión ante Dios, éramos por definición y naturaleza sus enemigos. 

Por eso me sorprende que la relación con el Señor de muchos seguidores de Jesús esté basada en el miedo y la inseguridad. Todavía me sorprende más que haya líderes que cultiven y fomenten ese miedo entre sus congregaciones, generando de este modo una relación con Dios que no es saludable y que incluso puede llegar a ser tóxica. El amor, afirma el apóstol Juan, echa fuera el miedo. Por tanto, continúa diciendo, aquel que tiene miedo en su relación con Dios es que no ha entendido ni experimentado el amor. 

La pregunta de hoy nos invita a reflexionar si nuestra relación está basada en el amor o el miedo.

RESILIENCIA

 


También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación. (Romanos 5:4)

¿Cómo es posible que Pablo afirme que nos alegramos de tener dificultades? ¿Qué clase de masoquismo le impulsa? ¿Se confabularon Pablo y Santiago, el hermano de Jesús, para generar en nosotros una actitud pasiva ante las dificultades.

Para nada, más bien todo lo contrario. Las dificultades y las pruebas forman parte de la vida de cualquier persona, sea seguidora o no de Jesús. En ocasiones, estas pueden ser el resultado de nuestras propias decisiones, acciones, omisiones, actitudes, etc. En otras, sufrimos las consecuencias de lo que otros hacen, sean personas o sistemas. 

Pablo y Santiago saben que nosotros no afrontamos todas esas cosas en soledad. No lo hacemos porque como dice el salmo 23 y tantos otros fragmentos de la Escritura, su vara y su cayado nos infunden aliento en medio del valle de sombra de muerte. Pero, adicionalmente a eso, el Señor usa (o puede hacerlo si se lo permitimos) todas esas cosas para desarrollar en nosotros resiliencia, es decir, la capacidad de crecer en medio de la adversidad. Y este crecimiento en la adversidad alimenta en nosotros esa esperanza, segura.y firme de que nuestra salvación, ahora en proceso, será completada.

Las pruebas y las dificultades no te las evitará nadie. La pregunta es ¿Crecerás y desarrollarás resiliencia en medio de ellas o te hundirás? Tu actitud lo determinará.