JOEL/ DE CORAZÓN/ JOEL 3



Ahora, pues, —oráculo del Señor— volveos hacia mí de todo corazón, con ayuno, lágrimas y lamento. Rasgad vuestro corazón en lugar de vuestros vestidos; volveos al Señor, vuestro Dios, que es misericordioso y compasivo, lento para airarse y lleno de amor, siempre dispuesto a no hacer mal. (Oseas 3:12 y 13)



El Señor denuncia la situación de su pueblo por medio del profeta pero también le ofrece la salida a la misma. Estos versículos nos enseñan que el problema del ser humano es un problema del corazón. En la forma hebrea de ver y concebir el mundo el corazón es el centro de control, es desde donde se toman las decisiones y se genera el proyecto de vida. En el mundo hebreo el corazón no está relacionado, como en el occidental, con las emociones que para ellos residían en las entrañas. 

Por eso, cuando el Señor indica que nos hemos de volver a Él de todo corazón no está hablando de tener unas emociones que nos embarguen sino una voluntad que está dispuesta a someterse a Dios, porque es ésta, la voluntad, la que generará las fuerzas necesarias para acometer los cambios necesarios en nuestra manera de vivir, en nuestros valores, prioridades, actitudes, motivaciones, etc. 

Esta idea queda reforzada cuando en el mismo pasaje se indica que -simbólicamente- si hay un deseo de cambio se rasgue el corazón y no las ropas. Rasgarse las vestiduras era un signo de arrepentimiento, del deseo de cambio, de conciencia de estar viviendo mal. Sin embargo, el profeta sabe perfectamente que es posible rasgarse el exterior dejando total y absolutamente intacto el interior, el corazón. 

Todo cambio, para que sea genuino, auténtico y sostenible tiene que darse en el corazón, de lo contrario es mera pantalla superficial. El corazón es el centro que todo lo controla y gobierna. Es por eso por lo que el libro de Proverbios afirma, que sobre toda cosa guardada guarda tu corazón porque de él mana la vida.


¿Cuál es el estado de tu corazón? ¿Qué puedes hacer para guardarlo?

JOEL/ CLAMOR/ JOEL 1



A ti clamo, Señor (Joel 1:19)


Los profetas no fueron populares en su tiempo y es normal. Su función era confrontar al pueblo y llamarle la atención -de parte de Dios- por haberse desviado, por decirlo de alguna manera, del camino recto y denunciar la situación de apatía e infidelidad con respecto al Señor. Es comprensible que fueran rechazados, incluso con violencia, por sus contemporáneos.

En los primeros capítulos del libro de Joel se denuncia la situación de la nación y el profeta invita al pueblo a clamar al Señor. Clamar, según el diccionario, es una voz lastimosa que indica aflicción o pasión de ánimo, es la manera en que expresamos ante Dios nuestro dolor por nuestra situación personal o la situación que vemos y percibimos a nuestro alrededor. En el libro de Joel el clamor viene como consecuencia de ver el país destrozado a causa del abandono del Señor por parte del pueblo.

Eso me ha llevado a pensar acerca de cuál debería ser la razón por la cual debería clamar al Señor. ¿Qué veo cuando miro a mi alrededor en la ciudad, el país donde Dios me ha colocado? Veo corrupción política, pobreza, explotación de los trabajadores bajo la coartada de la crisis económica que el país arrastra desde hace años, veo abuso infantil, violencia doméstica, personas echadas fuera de sus casas por no poder pagar la hipoteca, veo emigrantes que sufren condiciones laborales abusivas, veo ancianos viviendo en condiciones de pobreza y abandono, acoso escolar. Veo todo eso y sé con toda certeza que el Señor no aprueba lo que veo ni forma parte de ese plan. 

Creo sinceramente que la iglesia debería clamar al Señor por todas esas cosas que atentan contra Dios y su justicia. Deberíamos, como dice el libro de Proverbios, levantar una voz en favor de los que no tiene voz. Me preocupa el clamor selectivo de los seguidores de Jesús que, en muchas ocasiones, únicamente clamamos contra el aborto y la homosexualidad como si estas fueran las únicas cosas que merecen la pena presentar ante nuestro Dios.


¿Por qué o por quién clamas al Señor?

OSEAS/ PERDÓN/ OSEAS 14



Vuélvete, Israel, al Señor tu Dios, tú que caíste a causa de tu pecado. Volveos al Señor llevando con vosotros esta oración: "Perdona toda nuestra maldad y recibe con benevolencia las alabanzas que te ofrecemos. (Oseas 14: 1 y 2)


Ayer estaba mirando una película y uno de los personajes le decía de forma grave y solemne a otro que le había traicionado: "soy una persona que cree en las segundas oportunidades, pero no en las terceras. Vuelve a hacer algo semejante y morirás".

Que afortunado soy de creer y seguir a un Dios que no solamente cree en las segundas oportunidades, sino también en las terceras, cuartas, quintas, sextas... Un Dios que renueva, como dice Jeremías en el libro de Lamentaciones, su misericordia día tras día, un Dios que si no fuera por la misma ya habríamos sido consumidos.

Y es, precisamente, por medio de la confesión que podemos experimentar esa renovación en nuestra relación con el Señor, que podemos acceder un día tras otro a esas oportunidades disponibles para nosotros por medio del sacrificio de Jesús por nuestros pecados. 

Además, es un perdón sin condiciones. Una de las palabras que usa la Biblia para perdón es amnistía. Hay una diferencia considerable entre un simple perdón y una amnistía. En la primera, la persona puede estar libre, sin embargo, sus antecedentes penales se mantienen y se tienen en cuenta si hay posteriores delitos. En la segunda, no únicamente se concede la libertad, también se borran todos los registros, de hecho es como si esa persona nunca, absolutamente nunca, hubiera pecado, no hay antecedentes. Este es el gran privilegio que nos concede el Señor por medio de la confesión, comenzar de nuevo con un historial, lo creamos o no impecable.


Si el Señor nos limpia el expediente por medio de la confesión ¿De dónde procede pues nuestro sentido de culpa después de confesar?

OSEAS/ ORGULLO Y OLVIDO/ OSEAS 13



Dice el Señor: «Yo, el Señor, soy tu Dios desde que estabas en Egipto: No reconozcas como Dios a nadie sino a mí, pues sólo yo soy tu salvador. Yo te cuidé en las tierras ardientes del desierto. »Pero cuando ustedes tuvieron comida de sobra, su corazón se llenó de orgullo y se olvidaron de mí. (Oseas 13:4-6)

Al leer este pasaje pensé que era el vivo retrato de la experiencia de muchos seguidores de Jesús y una clara advertencia para mí que, de no estar atento, puedo con toda facilidad caer en la misma situación que aquí se describe.

La primera parte del pasaje describe nuestro encuentro con el Señor que nos rescató a cada uno de nosotros de una situación en la cual no podíamos seguir viviendo. Hubo en nuestra experiencia una clara conciencia de nuestra necesidad de Él, de darle un giro, un cambio a nuestra vida porque las cosas no podían seguir como estaban. Muchos le llaman a esa fase del seguimiento del Maestro "el primer amor", ese tiempo que hace que todo tenga un nuevo sentido, una nueva ilusión, una nueva perspectiva. Esa época en que haríamos cualquier cosa por el Maestro y deseamos que todos compartan el gozo de nuestra situación.

La segunda parte tiene un sentido de descripción de la realidad que actualmente viven muchos creyentes y de advertencia para aquellos que no hemos llegado a este punto. Dicen las leyes de la termodinámica que todo tiende al caos y lo cierto es que como dice el apóstol, debemos cuidar de nuestra salvación con temor y temblor, porque es fácil que nuestro corazón, especialmente si experimentamos prosperidad y ausencia de problemas, se enorgullezca, es decir, se vuelva arrogante, vanidoso y con una excesiva valoración de sí mismo, y se olvide como consecuencia del Señor.

Todos los problemas del corazón deben de atajarse cuando se perciben los primeros síntomas, de lo contrario, endurecen el corazón y se vuelve indiferente al Señor y su voz. 

Si estás en la primera fase ¿Qué vas a hacer para salir de ella? Si estas en la segunda ¿Qué prevención has de tomar para no salir de la misma?

OSEAS/ CONVERSIÓN/ OSEAS 11



El Señor es Dios del universo; su nombre es el Señor. En cuanto a ti, conviértete a tu Dios, practica el amor y la justicia y confía siempre en tu Dios. (Oseas 11:6)


Los seguidores de Jesús tenemos la tendencia a pensar en la conversión exclusivamente como un evento, es decir, algo que pasó en el tiempo y el espacio en un momento dado de nuestras y, por consiguiente, no sentimos la necesidad de revisitarla y, mucho menos de renovarla.

Sin embargo, la conversión debería ser vista como un proceso constante en el que, por un lado, nuevas áreas de nuestra vida son llevadas o sometidas al Señor y, por otro, antiguas áreas han podido desviarse, escorar y necesitan ser puestas nuevamente en sus manos. 

Porque el carácter dinámica de la vida hace que la conversión sea un punto de partida en el viaje del seguimiento de Jesús pero nunca debe ser vista como la estación de destino del mismo. Tiene, por tanto, todo el sentido el llamado que el Señor hace por medio del profeta a convertirse a Dios, a someter a su señorío las áreas que van surgiendo en nuestro proyecto vital personal y, tras una cuidadosa evaluación, aquellas en las que es muy posible nos hayamos desviado y hayamos tomado, de nuevo, el control. 

Por último, el Señor, por medio del profeta nos indica que la conversión no es, únicamente, un proceso mental o intelectual, debe ir seguido de acciones concretas y específicas que demuestren la genuincidad de nuestro cambio, de nuestra nueva orientación hacia el Señor.


¿Qué áreas de tu vida, nuevas o antiguas, deben ser convertidas al Señor?

OSEAS/ GRACIA/ OSEAS 11/



Oh, Israel, ¿cómo podría abandonarte? ¿Cómo podría dejarte ir? ¿Cómo podría destruirte como a Adma o demolerte como a Zeboim? Mi corazón está desgarrado dentro de mí y mi compasión se desborda. (Oseas 11:8)



¿En qué se basa tu relación con Dios? Yo creo que la relación nunca puede ser contractual, es decir, el Señor hará por nosotros ciertas cosas a cambio de que nosotros hagamos ciertas otras. Una relación de ese tipo siempre, en mi humilde opinión, producirá inseguridad, temor y duda ¿Estaré dando la talla que se espera de mí? ¿Estaré a la altura de un Dios santo? Lamentablemente esta es la manera en que muchos seguidores de Jesús establecen su relación con Él. Nunca han experimentado -aunque lo hayan entendido a nivel intelectual- que el amor echa fuera el temor tal y como afirma el apóstol Juan. 

Creo que la relación únicamente se puede sustentar en la gracia y pienso que, precisamente, eso es lo que refleja este pasaje del libro de profeta Oseas. No es justo que Dios nos trate bien. No lo es porque no damos la talla suficiente para ser amados y aceptados por Él. No lo es porque a pesar de todas nuestras promesas y buenas intenciones el pecado nos sigue atrayendo y, en muchas ocasiones, gustosamente nos deslizamos hacia él. Dios nos trata como nos trata no debido a lo que somos, sino a pesar de todo lo que somos. Nos ama y acepta incondicionalmente porque así es Él, porque ese es su carácter y, consecuentemente, no puede negar su carácter, no puede, por decirlo de alguna manera, ir contra su esencia, su personalidad, lo que es. 

Sin duda que Dios también es santo y justo y ambas características exigen ser satisfechas porque el Señor no puede contradecir su propia naturaleza. Justamente por eso se castiga a sí mismo en la persona de Jesús para no tenernos que castigar a nosotros, para no tener que destruirnos. Su corazón desgarrado y su compasión desbordada le llevan a la cruz para que tú y yo no tengamos que basar nuestra relación en el miedo sino en la gracia.


¿Miedo o seguridad? ¿Gracia o justicia? ¿En qué se basa tu relación con Dios?

OSEAS/ BUSCAR AL SEÑOR/ OSEAS 9 Y 10



Sembrad justicia y cosecharéis amor; preparad el barbecho para el cultivo, porque es tiempo de buscar al Señor. (Oseas 10:12)


La vida cristiana está llena de mitos y falsas creencias que provocan un increíble daño en la forma en que se desarrolla, configura y lleva a cabo nuestro seguimiento del Maestro de Nazaret. Estas creencias, aunque falsas, determinan cómo vivimos la vida cristiana y cómo nos relacionamos con el Señor.

Entre ellas, si no la más perniciosa, sin duda una de las más dañinas es la creencia que la vida cristiana tiene que simplemente brotar, surgir de forma espontánea sin que haya por nuestra parte ningún tipo de voluntad, pro-actividad o intencionalidad. 

Todo, absolutamente todo, lo que es valioso en esta vida implica un esfuerzo si queremos conseguirlo, una carrera profesional, el desarrollo de un buen negocio, una buena vida matrimonial, buenas relaciones con nuestros hijos y así, un largo etcétera. Todos sabemos y somos conscientes de que no pueden darse relaciones de amistad de calidad si uno no invierte tiempo en desarrollarlas y cultivarlas. 

Sin embargo, este principio tan lógico y de sentido común no lo aplicamos cuando tiene que ver con Dios y la vida cristiana. Debido a esa falsa y perniciosa creencia de la que antes hablaba, estamos convencidos de que es posible ser un cristiano maduro, equilibrado, que refleje el carácter de Cristo y que tenga un impacto en su entorno como agente de restauración y todo ello, sin pasar tiempo con Dios, sin leer la Biblia, sin aplicarla en nuestra vida cotidiana, sin introducir el hábito de la reflexión diaria, sin pararnos para escuchar la voz del Señor hablando a nuestro corazón y guiándonos en la cotidianidad. 

Pensamos que el hecho de ir a la iglesia -ya no cada domingo, tampoco hay que ser fanáticos ni extremistas- hará que por ósmosis se nos vaya contagiando el carácter de Jesús. Es un pensamiento tan ridículo como creer que visitar cada día un hospital durante años te convertirá en doctor en medicina. Sin duda, adquirirás cierto lenguaje, ciertas costumbres, hasta es posible que te compres una bata blanca y, aparentemente, formes parte del paisaje. Ahora bien, nunca serás un médico.

Por eso el profeta indica que es tiempo de buscar a Dios y, si te das cuenta, el verbo indica todo eso de lo que, tan a menudo, carece nuestra vida, a saber, intencionalidad, pro-actividad, trabajo duro, búsqueda consciente del Señor. 


Nuestra vida es simplemente la acumulación a lo largo del tiempo de los hábitos que hemos desarrollado ¿Qué te muestra la tuya respecto al buscar a Dios?

OSEAS/ IDOLATRÍA/ OOSEAS 8



Con su plata y con oro se han fabricado ídolos. (Oseas 8: 4)


El Señor, por medio del profeta, continua denunciando la idolatría del pueblo de Israel en este capítulo. Para mí hay dos tipos de idolatría. Una es de tipo grosero, burda, evidente, que consistiría en rendir culto literal a otros dioses representados o no por medio de iconos, estatuas, cuadros, etc. Veo difícil que los seguidores de Jesús, si lo son realmente, caigan en este tipo de idolatría. 

La otra es mucho más sutil y sibilina, mucho más difícil de detectar y en la cual es fácil que cualquier persona caiga incluidos, naturalmente, aquellos que somos cristianos. Martín Lutero, el reformador protestante del siglo XVI, afirmaba que dios es cualquier cosa que ocupa el primer lugar en nuestros corazones. 

Su afirmación nos ayuda a entender que hay formas de idolatría que no son detectables  en el exterior porque se han asentado y echado raíces en nuestro interior, en nuestro corazón. Aquello que centra tu atención, tu ansiedad, tu preocupación, aquello que persigues para buscar realización, satisfacción, sentido, plenitud se puede convertir de una manera muy sutil en tu ídolo. Dicen los antropólogos que los seres humanos están diseñados para adorar, la cuestión simplemente es a quién adoramos. 

Si no lo hacemos al Dios vivo y verdadero eso no significa que no estaremos adorando a nadie, simplemente que nuestro foco de adoración será otro, el poder, el dinero, el placer, el sexo, la influencia, incluso el ministerio o la iglesia, pero, definitivamente, a algo o alguien estaremos adorando porque para eso estamos diseñados. 


¿Quién o qué ocupa ese lugar principal en tu corazón?

OSEAS/ ARREPENTIMIENTO/ OSEAS 7



...pero no se vuelven al Señor su Dios, ni lo buscan a pesar de todo esto. (Oseas 7:10)

Israel y Judá tenían un serio problema. La estructura religiosa, al menos en Judá, estaba intacta, el templo y los sacrificios en funcionamiento, sin embargo, había un problema profundo, el corazón de las personas estaba alejado del Señor aunque sus rutinas siguieran las prácticas religiosas. Precisamente, en esto consistía la labor de los profetas, zarandear el complaciente estatus quo del pueblo y enfrentarlos con la realidad de que sus vidas no eran lo que deberían ser.

A pesar de todas las situaciones sociales, económicas y políticas que vivían ambas naciones y las personales que experimentaban sus habitantes, el Señor denuncia que no se volvían hacia Él ni lo buscaban. Antes al contrario, buscaban soluciones al margen de Dios, intentaban encontrar las respuestas nacionales y personales sin tener en cuenta a su Señor. El problema radicaba en el corazón que se había ido endureciendo, haciendo más y más refractario a la voz y la influencia de Dios.

Dice el Nuevo Testamento que todas estas cosas se escribieron como advertencia para nosotros, a fin de que pudiéramos evitar caer en las mismas trampas que el pueblo escogido cayó. Veo pues que este pasaje es una llamada de atención contra dos cosas, primero, la autocomplacencia de pensarnos que nuestra religiosidad hace que todo esté bien con Dios y no miremos el estado de nuestro corazón. Segundo, que cuando vivamos y experimentemos situaciones que pueden ser usadas por Dios para volvernos hacia Él, en vez de arrepentirnos y cambiar la orientación de nuestras vidas busquemos la alternativa y la solución al margen del Señor. 


¿Qué te dice Dios a tu vida por medio de este pasaje?

OSEAS/ LO QUE DIOS DESEA/ OSEAS 6:1-6



Porque quiero misericordia y no sacrificio, conocer a Dios y no holocaustos. (Oseas 6:6)


Este pasaje no puede ser más claro y contundente. En el mismo de forma clara, específica y sencilla el propio Señor nos indica dos cosas que desea y también dos cosas que, simplemente, no desea. 

Comencemos por aquellas que desea. En primer lugar indica que quiere de parte de aquellos que le invocan una actitud y acción de misericordia. En las Escrituras la misericordia es una reacción -nótese que está compuesta la palabra: re + acción- ante la realidad de miseria y necesidad del ser humano. Cuando contemplamos la realidad de las personas que nos rodean, su situación de miseria emocional, espiritual, social, material, cultural, etc., esto nos mueve, o nos debería mover a una respuesta de tratar de paliar esa necesidad, dicho de otra manera, a ser agentes de restauración de esa realidad uniéndonos al trabajo del Señor. De hecho, actuar con misericordia es actuar en imitación del carácter de Dios quien en el Antiguo Testamento se define a sí mismo como grande en misericordia.

La segunda cosa que el Señor quiere es conocimiento de Él. Para nosotros, hijos culturales de los griegos, el conocimiento lo percibimos como algo intelectual, lo equivalemos a tener, saber, entender mentalmente cierta información y estar de acuerdo con la misma. Nada más lejos de la realidad en el mundo de la Biblia. Conocimiento significa experimentar. Conocer algo significa que lo he vivido, forma parte de mi experiencia vital. No en vano una de las palabras que se usa en la Biblia para hablar de las relaciones sexuales es conocer. Cuando el Señor afirma que quiere conocimiento de Él no está hablando de un proceso de acumulación de información, antes bien, está indicándonos que desea que sus diferentes atributos los podemos experimentar en el contexto de la vida cotidiana.

Finalicemos con aquello que Dios no desea. Ni sacrificios ni holocaustos. Parece contradictorio porque el mismo Señor los ordenó en su Palabra. Creo que deberíamos leerlo de esta manera. No quiero holocaustos ni sacrificios en sustitución de la misericordia y el conocimiento de mí. También podría leerse, los sacrificios y los holocaustos no pueden compensar la ausencia de misericordia y conocimiento. De hecho, el propio Jesús con sus vida y sus palabras ratificó una y otros vez lo dicho por el Padre a través del profeta Oseas.


¿Cuán evidente es en tu vida el conocimiento de Dios  y la misericordia?