JESÚS/ GENTE DE SEGUNDA FILA/ MATEO 27:57-66



57 Cuando ya anochecía, llegó un hombre rico llamado José, natural de Arimatea, que también se había hecho seguidor de Jesús. 58 José fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo dieran, 59 y José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana de lino limpia 60 y lo puso en un sepulcro nuevo, de su propiedad, que había hecho cavar en la roca. Después de tapar la entrada del sepulcro con una gran piedra, se fue. 61 Pero María Magdalena y la otra María se quedaron sentadas frente al sepulcro. (Mateo 27:57-61)

Es muy curioso observar qué tipo de personajes aparecen alrededor de Jesús en los últimos momentos de su vida y su muerte. Los discípulos, a excepción de Juan, desaparecen y no sabemos dónde están. Pedro, ya tenemos conocimiento de su negación repetida de conocerlo. Al pie de la cruz tan sólo tenemos a Juan, ya mencionado y mujeres. Dando la cara por el Maestro, identificándose públicamente con Él en el peor de sus momentos, aparece un tal José, de quien hasta ese momento no teníamos noticias y la única información que se nos da es que era una persona de buena posición económica. De nuevo hay mujeres en la tumba cuando Jesús es enterrado y ellas mismas se ocuparon de preparar el cuerpo del Señor.

Mi punto es cuán a a menudo los líderes oficiales, aquellos que ocupamos lugares de responsabilidad y tenemos imagen y proyección pública, no valoramos el trabajo sencillo, callado, dedicado, constante y esencial de nuestros hermanas y hermanas de, llamémosles así, de segunda fila, o de bajo perfil, por ser políticamente más correctos. Sin embargo, este pasaje de la Escritura nos muestra que, precisamente, estos son los que dan la talla, los que están donde se ve de estar, los que asumen los riesgos, los que afrontan el peligro y no dudan en identificarse con Jesús en el momento más triste de su historia y más bajo de su popularidad. No vemos aquí aquellos que se disputaban los mejores lugares en el Reino y que en varias ocasiones discutieron, seguro que acaloradamente, por quién debía ser el mayor entre ellos e incluso echaron mano de sus madres para influir en Jesús.

Así es la vida, así somos los humanos. Esto me lleva a pensar, una vez más, en la importancia de la fidelidad y responsabilidad en las cosas pequeñas, honran igual al Señor que aquellas que producen un gran impacto y Dios valora del mismo modo a aquellos que las hacen. Ya sabemos que las escalas de valores y la forma de evaluar del Señor es muy diferente de la nuestra.


¿Qué muestra de ti la forma en que llevas a cabo las cosas simples, sencillas y pequeñas?

JESÚS/ ABANDONADO POR DIOS/ MATEO 27-45-56



Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? (Mateo 27:46)


Lo que Jesús dice es lo siente, vive y experimenta en aquellos momentos y los evangelistas, con una total y absoluta despreocupación por la corrección política así lo narran y dan constancia de ello. Y esto es importante, porque nada, absolutamente nada, es casual en las Escrituras, eso está plasmado por nosotros y para nosotros.

Sirve de consuelo para los muchos de nosotros que, en alguna ocasión, nos hemos sentido, o nos sentimos en estos momentos,  abandonados por Dios, hemos experimentado ese sentimiento de que Él no estaba, y si estaba, se había despreocupado de nosotros, de nuestra situación y nuestra realidad, se había desentendido de nuestra vida. No estoy hablando de que eso sea o no verdad, no es para nada mi punto, estoy hablando de cómo nosotros vivimos y experimentamos la realidad al margen de cómo esta sea. Eso mismo que tú sientes, Jesús también lo sintió y, consecuentemente, es legítimo tener esas emociones y no tenemos que sentirnos avergonzados ¡para nada! de las mismas.

Consecuentemente, porque el Maestro lo experimentó en carne propia puede entender tus sentimientos, no rechazarlos, no avergonzarse de ellos. Hay gente que si le explicamos que experimentamos una sensación de abandono por parte del Señor, o no nos entenderán o incluso se sentirán escandalizados e intentarán justificar a Dios. Jesús no, Él entiende, sabe, comprende y puede identificarse con nuestra sensación puesto que la ha vivido. Nosotros, como dice el escritor del libro de Hebreos, no tenemos en los cielos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse, antes al contrario, tenemos a uno que ha pasado todas las dimensiones de la experiencia humana a excepción del pecado.


¿Qué podemos pues hacer cuando nos sentimos abandonados por Dios?

JESÚS/ LA LÓGICA DEL AMOR AGAPE/ MATEO 27:27-44



Puesto que ha confiado en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama (Mateo 27:43)


Este cuadro es de Marc Chagall, un pintor ruso-francés de origen judío, que plasma muchas escenas relacionadas con la vida y, naturalmente, con la muerte de Jesús. En este, como es evidente, se describe la crucifixión de Jesús quien aparece como lo que fue, un judío.

Cuando uno lee un pasaje como este tan conocido parece que sea imposible el encontrar algún matiz nuevo que sorprenda o que alimente la vida espiritual del lector, así que, ¡con ese ánimo me acerqué al pasaje! La sorpresa vino inmediatamente al leer las palabras que he reproducido al comienzo de esta entrada, si Dios ama a Jesús, lo salvará. Tiene todo el sentido y toda la lógica desde una perspectiva puramente humana, sin embargo, la Biblia se caracteriza por romper esa perspectiva por medio de las paradojas del tipo, mejor dar que recibir, perder para ganar, último para ser el primero, humillarse para ser exaltado y, naturalmente, morir para vivir.

La lógica del Reino de los cielos es diferente, funciona con otros parámetros y aquel que no lo acepte verá muchas expectativas insatisfechas y eso, naturalmente, le producirá un alto grado de frustración, incluso ira y enfado.

La lógica del amor ágape, el amor que se usa para describir a Dios, ese amor que es incondicional, que toma la iniciativa, que se plasma en hechos, que no hace discriminación hacia nadie y que es costoso y sacrificial, es la que hace que el Padre, a pesar de amar profundamente a Jesús, no lo salve. Esa es una lógica de entrega, de sacrificio, de pagar el precio para que otros, precisamente otros, puedan experimentar bendición.

La lógica del amor ágape es una lógica de sacrificio en favor de otros, es, en definitiva, la lógica del agente de restauración.


¿Qué lógica gobierna tu vida?

JESÚS/ LAVARSE LAS MANOS% MATEO 27:1-2; 11-26



Pilato, al ver que nada adelantaba sino que el alboroto crecía por momentos, mandó que le trajeran agua y se lavó las manos en presencia de todos, proclamando: — ¡Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre! ¡Allá vosotros! (Mateo 27: 24)

Todos los relatos de los diferentes evangelios coinciden en describir a Pilato como un hombre que era total y plenamente consciente de la inocencia de Jesús y que los motivos por los cuales querían asesinar a Jesús eran del todo injustos y carentes de fundamento. Mateo, en su evangelio, afirma que incluso su mujer le envió un mensaje advirtiendo de la inocencia del Maestro y que evitará convertirse en responsable de su muerte. Sabemos, porque así lo narra la Biblia, que el procurador romano hizo varios intentos, todos ellos en vano, por liberar a Jesús, precisamente por su clara comprensión de su inocencia.
Sin embargo, el interés político pesó mucho más que la justicia de la situación o su integridad personal. Sabemos, por los historiadores romanos, que su situación política era precaria y su persona y su mandato cuestionado por los judíos y las quejas ya habían llegado a Roma. Imagino que el gobernador sopesó la situación y pensó que esta podía escapársele de las manos y el precio político personal que tendrían que pagar por ello y, por tanto, decidió crucificar a Jesús y llevar a cabo su acción simbólica de lavarse las manos.
Hablemos de ello. El acto simbólico implica una actitud de distancia con respecto a la situación, de indiferencia, de declarar -más bien pretender, seamos honestos- que esa situación no tiene nada que ver con él, que no se hacía responsable y que pretendía por medio del agua eximirse de las responsabilidades que, sin ningún género de dudas, conllevaba la situación.
Esto me ha hecho pensar en tantas y tantas veces en las que me he lavado las manos y con ello he pretendido eximirme de la responsabilidad que me tocaba. Lavarme las manos ante la injusticia, la necesidad emocional, social, material, espiritual de mi hermano o mi prójimo. Pienso en cuantas veces al día, de forma virtual, nos lavamos la manos al desentendernos de las personas, su situación y sus necesidades. Es un gesto, creo, que practicamos con mucha más frecuencia de lo que quisiéramos reconocer o afrontar.

¿Ante qué situaciones de tu entorno te estás lavando las manos?


JESÚS/ VUELTA ATRÁS/ MATEO 273-10



¡He pecado entregando a un inocente! Ellos le contestaron: -Eso es asunto tuyo y no nuestro. Judas arrojó entonces el dinero en el templo. Luego fue y se ahorcó. (Mateo 27: 4 y 5)


Sin duda, ninguno de nosotros somos Judas, sin embargo, eso no significa que no nos podamos ver reflejados en algunas de las realidades que muestra este pasaje.

La primera de ellas es que el pecado no ofrece la posibilidad de volver atrás. Todos nosotros, sin importar la edad que tengamos, desearíamos poder borrar ciertos momentos de nuestra vida, eliminarnos, volver a enfrentarlos para asegurarnos de que actuaríamos de forma diferente a cómo lo hicimos en aquel momento, sin embargo, lamentablemente, eso no es posible, lo hecho, hecho está.

La segunda realidad es que el pecado hace que aborrezcamos aquello que antes de cometerlo deseábamos fervientemente. Lo deseábamos hasta el punto de poner en riesgo y romper nuestra relación con el Señor y también con otras personas. El pecado, una vez consumado, deja un regusto de muerte en nosotros, convierte la dulzura que prometía en auténtica derrota y muerte.

La tercera de estas realidades es la necesidad del arrepentimiento y la vuelta a Dios. No hay ningún pecado -salvo aquel cometido contra el Espíritu Santo- que sea imperdonable, que no pueda ser perdonado por el Señor. Podemos afirmar que Judas, de haberse vuelto al Señor, hubiera sido perdonado. Sin embargo, la Escritura habla de que sintió remordimiento -el sentimiento de haber hecho algo que está mal-, paso previo pero insuficiente hacia el arrepentimiento -el cambio de actitud y acción-. A muchos de nosotros nos puede saber mal y haber hecho o dejado de hacer algo, desgraciadamente eso no nos lleva al arrepentimiento, seguimos como estamos.


¿Qué hay aplicable a tu vida de las lecciones de Judas?

JESÚS/ MÁS SOBRE LA NEGACIÓN/ MATEO 69-75



¡No sé quién es ese hombre! (Mateo 26:74)


El capítulo 26 de Mateo culmina con la dramática negación de Pedro que ya había sido anticipada por Jesús durante la última cena. Siempre es difícil saber cómo vamos a responder las personas cuando nos encontramos bajo presión. De hecho esta, la presión, es la que pone de manifiesto la calidad de nuestra experiencia personal de seguimiento del Maestro.

La presión tiene la "virtud" de poner de manifiesto lo que hay, la realidad de quiénes somos. Bajo presión sale a relucir nuestro real y genuino yo. Teniendo esto en cuenta pienso en la cantidad de ocasiones en las que yo mismo he respondido de la misma manera que Pedro, no sé quién es ese hombre.

Las presiones que me han llevado a eso pueden haber sido de diferente tipo. En ocasiones afirmar que conocía a Jesús no hubiera sido políticamente correcto, en otras hubiera teñido la imagen que tengo o pretendo tener de un tono no adecuado a la situación. Aún en otras ocasiones me he hecho el loco porque decantarme como conocedor de Jesús hubiera implicado tener que tomar acción u omisión, algo que en aquel momento ni quería ni me apetecía. El miedo al rechazo, a ser clasificado y otro largo etcétera se podrían añadir a la lista de ocasiones en las cuales he afirmado, o he callado, que no sabía quién era ese hombre.

En la vida estaremos siempre afrontando situaciones de presión que nos permitirán o nos pondrán en la tesitura de tener que afirmar o negar nuestra relación con el Maestro. Cada una de ella es una oportunidad para honrarle, pero incluso si fallamos, es una oportunidad para darnos cuenta de quiénes somos y, consecuentemente, siempre hay espacio y esperanza para el cambio.


¿Cuál es tu experiencia respecto a reconocer o no en público a Jesús?

JESÚS/ MERECE LA MUERTE/ MATEO 26:57-68



¿Qué os parece? Ellos contestaron: -¡Qué merece la muerte! (Mateo 26:66)


A lo largo de su ministerio Jesús siempre polarizó a la gente alrededor de Él, lo amaban, lo utilizaban, lo odiaban pero no dejaba a nadie indiferente, absolutamente a nadie. Es algo que el Maestro produce en las personas, su propia personalidad, sus pretensiones, sus afirmaciones de exclusividad y deidad fuerzan a las personas a tenerse que decantar a favor o en contra de Él. 

El Sanedrín, el consejo de gobierno judío bajo la tutela del poder romano, ya hacía tiempo que le tenía tomada la medida a Jesús y esperaban la oportunidad para plasmar de forma práctica su ira, enojo y confrontación. Judas, como ya sabemos, les proporcionó la oportunidad que buscaban y ellos se decantaron por matarle.

Esta reflexión nos lleva a nosotros mismos, los seguidores de Jesús, y qué actitud tomamos con respecto al Maestro. Jesús polarizaba a las personas, les obligaba a posicionarse con respecto a Él, a aceptarlo o a rechazarlo, pero no provocaba, en absoluto, indiferencia. Esta indiferencia es, precisamente, la que más me preocupa con respecto a los discípulos contemporáneos del Maestro, lo reconocemos como tal, aceptamos su divinidad, pero eso no afecta necesariamente nuestro diario vivir, la forma en que pensamos, sentimos, priorizamos, establecemos valores, etc., etc. 

Creo que Jesús entiende más el rechazo que la indiferencia que recubre nuestro aparente seguimiento del Maestro. Afirmaría que prefiere que le digamos que no abierta y claramente y no juguemos con esa ambigüedad del si pero no que caracteriza mucho de nuestras vidas. En definitiva, recházalo o síguelo con todas sus consecuencias, pero no juegues a la ambigüedad calculada de la religiosidad.


Ubícate ¿Rechazo, seguimiento comprometido o ambigüedad calculada?

JESÚS/ EL JESÚS ABANDONADO/ MATEO 26:47-57



Y en aquel momento, todos los discípulos de Jesús lo abandonaron y huyeron. (Mateo 26:56)


El abandono de Jesús me produce tristeza. El Maestro se encuentra en el peor momento de su ministerio, necesitado del apoyo emocional y físico de aquellos que durante tres años han compartido la vida con Él y llegada la situación, fallan y lo abandonan. Todos ellos habían prometido por activa y por pasiva que darían su vida por Él si fuera necesario, sin embargo, su incapacidad para velar y orar con Él en aquel instante en que, según sus propias palabras, me está invadiendo una tristeza de muerte, ya anunciaba lo que pasaría a continuación.

Es fácil juzgar a los discípulos y generar sentimientos negativos hacia ellos, los merecen, no estuvieron a la altura de las circunstancias, no dieron la talla que se esperaba de ellos. Sin embargo, este pasaje me ha hecho pensar en el Jesús abandonado por ti y por mí. Nuestro abandono no es tan dramático como el protagonizado por los discípulos pero no es menos triste y patético. 

Abandonamos a Jesús -según sus propias palabras- cada vez que le damos la espalda a nuestro prójimo y sus necesidades emocionales, sociales, materiales, espirituales. Dejamos solos al Maestro cada vez que nos negamos, consciente o inconscientemente, a unirnos a Él en la tarea de ser agentes de restauración en un mundo roto y, consecuentemente, participar de su trabajo de instaurar el Reino. 

Nuestra vida puede ser que esté llena de pequeños abandonos del Maestro, no tienen el dramatismo del protagonizado por los doce en Getsemaní, pero no dejan de ser menos dolorosos y tristes para aquel que dio su vida por nosotros.


¿Cuáles son los abandonos de Jesús en tu vida cotidiana?

JESÚS/ LECCIONES SOBRE LA ORACIÓN/ MATEO 26:36-46



Padre mio, si no es posible que esta copa de amargura pase sin que yo la beba, hágase lo que Tu quieres. (Mateo 26:42)


Este pasaje, tan lleno de contenido, nos enseña una lección muy importante con respecto a la oración y la misma la vemos ilustrada en la actitud de Jesús. El Maestro tiene la posibilidad, la libertad y, si se me permite, el derecho de expresar sus expectativas con respecto a Dios por medio de la oración, si es posible, afirma, que no tenga que afrontar esta prueba. Al mismo tiempo, simultáneamente, somete estas legítimas expectativas al cumplimiento de la voluntad del Padre.

Veo que hay una lección para nosotros acerca de cómo debemos orar, cuál es el procedimiento y cuáles deberían ser las expectativas correctas al respecto. Nosotros, al igual que Jesús, tenemos el privilegio y el derecho de verbalizarle al Padre todas nuestras peticiones, sean de la índole que sean. Es algo que el Padre nos permite hacer y que es legítimo por nuestra parte, sin embargo, nuestras peticiones y expectativas quedan supeditadas a la aceptación de la voluntad del Señor sobre nuestras vidas o sobre las vidas de aquellos por los cuales intercedemos y oramos.

Tengo, por tanto, el derecho a orar por sanidad, por trabajo, por prosperidad, por la solución de un problema determinado, por, en definitiva, cualquier cosa, eso si, sabiendo que en imitación de Jesús y de la lección que nos enseñó, nuestra oración siempre queda supeditada a la voluntad del Padre.


¿De qué modo puede cambiar tu actitud hacia la oración la comprensión de este principio?

JESÚS/ HÁGASE TU VOLUNTAD/ MATEO 26:36-46



Padre mío, si es posible, aparta de mí esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tu. (Mateo 26:39)


Para mí no es difícil ver un paralelismo entre este pasaje y el que aparece reflejado en el capítulo tres del libro de Génesis. 

En ambos la acción sucede o tiene lugar en un jardín. En el relato del primer libro de la Biblia es el jardín del Edén, aquí, en Mateo, nos encontramos en el jardín del monte de los olivos. En los dos escenarios hay un gran protagonista, el género humano, representado por Adán y Eva en Génesis y por Jesús en Getsemaní. En las dos situaciones hay una gran decisión que tomar, a saber, obedecer o desobedecer la voluntad del Señor, someterse o no a ella. Finalmente, hay unos resultados que afectarán al resto de la humanidad, la muerte en el caso de la desobediencia, la vida en el caso de la obediencia por parte de Jesús.


Obediencia o desobediencia ¿Cuál es tu actitud al respecto?