MIEDOS (SALMO 56)



Cuando siento miedo,
confío en ti, mi Dios,
y te alabo por tus promesas;
Confío en ti, mi Dios,
y ya no siento miedo. (Salmo 56:3-4)


¿Cómo definirías el miedo? Sin duda, lo has experimentado, pero es difícil explicarlo con palabras. Wikipedia lo define como una intensa emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Todos lo experimentamos, incluso los animales. No hay motivo para avergonzarse de ello, no significa una falta de fe o confianza en Dios. 

Observemos el proceso que nos enseña el salmista. Primero, tengo miedo. Segundo, lo reconozco como tal; no trato de reprimirlo, negarlo o hacer como si no existiera. Tercero, se lo expreso al Señor, se lo doy, lo abandono en Él. Cuarto, lo alabo por sus promesas relacionadas con el miedo. Hacerlo es un acto de confianza en Él, una expresión de nuestra fe. Finalmente, el miedo desaparece.

Un proceso claro, sencillo, que cualquiera puede aplicar. Un proceso iterativo, que debe de repetirse tantas veces como sea necesario hasta que nuestros miedos no nos controlen.

¿Cómo afrontas tus miedos?

 

¿CONFÍAS EN DIOS? (SALMO 55)

 



Pero yo en ti pongo mi confianza. (Salmo 55:23)


Cualquier cristiano diría amén a esta afirmación. Lo diría porque mentalmente está de acuerdo, no tiene nada en contra. Pero ¿se trata de una realidad o más bien de un deseo, una aspiración? ¿Cómo puede alguien saber si realmente confía en Dios más allá de lo puramente conceptual, intelectual, mental?

Algo que he aprendido durante estos últimos años al dar clase en contextos seculares es que las cosas hay que evidenciarlas por medio de conductas observables. No basta con afirmar que uno sabe algo o tiene un determinado valor en su vida. Si es así, deben haber indicadores observables de que no es tan solo algo a lo que la persona aspira, sino que vive en su realidad cotidiana.

Creo que esto puede ser muy desafiante a la vez que positivo para los seguidores de Jesús. Si yo afirmo que confío en el Señor ¿Cuáles son las evidencias observables en mi vida cotidiana que lo demuestran? Si proclamo que amo a Dios ¿Cuáles serían los indicadores que lo expresan en mi cotidianidad? Así podríamos seguir uno tras otro con las múltiples verdades que creemos pero que... no necesariamente vivimos. Dicho de forma más clara, si no hay conductas observables, identificables, medibles, realmente no confías en Dios, aunque te gustaría, con toda probabilidad, hacerlo.

No, no me estoy inventando nada nuevo. Jesús mismo dijo que por nuestros frutos, nuestras conductas observables, nos conocerán. Afirmó que si le amamos, intención interna, obedeceremos sus mandamientos, conducta externa. Es más, afirmó que el mundo conocería que somos sus discípulos por nuestro amor y, no lo olvidemos, en la Escritura obras son amores y no buenas razones.

¿Eres un seguidor de Jesús? ¿Qué evidencias más allá de tus hábitos dominicales lo evidencia?

CONTRADICCIONES (SALMO 54)

 



Que el mal se vuelva contra mis rivales y Tú, por tu fidelidad, hazlos perecer. (Salmo 54:5)


¿Qué decir ante esta afirmación del salmista? Afirma lo que afirma y no lo podemos negar. Hemos de hacer muchas cabriolas mentales para justificar una oración de este tipo de parte de una de las personas que son denominadas en las Escrituras, como poseedoras de un corazón según Dios. De hecho, la vida de David está llena de violencia, adulterio, crímenes premeditados y disfuncionalidad en su familia. De él podemos aprender tanto las cosas que debemos hacer como aquellas que debemos evitar. 

Ahí está, y creemos que los salmos son Palabra del Señor por Él inspirada. Pero luego nos acercamos a los evangelios y nos encontramos con Dios en la persona de Jesús. La divinidad hecha ser humano, viviendo como nosotros y entre nosotros. Y Jesús contradice total y absolutamente lo que dice David. El Maestro nos manda que amemos a nuestros enemigos y que oremos por ellos. Sus enseñanzas nos indican que debemos hacer bien a todos, sin excepción, que nunca debemos pagar mal por mal; antes al contrario, debemos vencer con el bien al mal.

Trataré de explicar cómo yo lo entiendo. Soy un usuario de ordenadores Apple desde el principio. Su primer sistema operativo se llamaba Kodiak y fue lanzado el 13 de septiembre del año 2000. La última, llamada Big Sur, tan sólo está disponible para desarrolladores. Entre una y otra 20 versiones han desfilado por nuestros ordenadores. Algo similar ocurre con Windows. El sistema se ha ido perfeccionando y nos ha ido ofreciendo más y más capacidades.

El libro de Hebreos nos indica que Dios nos habló de muchas maneras en el pasado, pero que su última versión es Jesús, quien resulta ser Dios mismo. Jesús es la última versión autorizada del Padre y, consecuentemente, deja obsoletas todas las versiones anteriores. Dios es como Jesús; el Maestro nos lo ha dado a conocer. Por tanto, cuando aparezcan contradicciones, sean estas reales o aparentes, no debemos nunca olvidar que siempre hay que interpretar la Biblia desde los ojos de Jesús y nunca al contrario.

CONTRADICCIONES (SALMO 54)

 



Que el mal se vuelva contra mis rivales y Tú, por tu fidelidad, hazlos perecer. (Salmo 54:5)


¿Qué decir ante esta afirmación del salmista? Afirma lo que afirma y no lo podemos negar. Hemos de hacer muchas cabriolas mentales para justificar una oración de este tipo de parte de una de las personas que son denominadas en las Escrituras, como poseedoras de un corazón según Dios. De hecho, la vida de David está llena de violencia, adulterio, crímenes premeditados y disfuncionalidad en su familia. De él podemos aprender tanto las cosas que debemos hacer como aquellas que debemos evitar. 

Ahí está, y creemos que los salmos son Palabra del Señor por Él inspirada. Pero luego nos acercamos a los evangelios y nos encontramos con Dios en la persona de Jesús. La divinidad hecha ser humano, viviendo como nosotros y entre nosotros. Y Jesús contradice total y absolutamente lo que dice David. El Maestro nos manda que amemos a nuestros enemigos y que oremos por ellos. Sus enseñanzas nos indican que debemos hacer bien a todos, sin excepción, que nunca debemos pagar mal por mal; antes al contrario, debemos vencer con el bien al mal.

Trataré de explicar cómo yo lo entiendo. Soy un usuario de ordenadores Apple desde el principio. Su primer sistema operativo se llamaba Kodiak y fue lanzado el 13 de septiembre del año 2000. La última, llamada Big Sur, tan sólo está disponible para desarrolladores. Entre una y otra 20 versiones han desfilado por nuestros ordenadores. Algo similar ocurre con Windows. El sistema se ha ido perfeccionando y nos ha ido ofreciendo más y más capacidades.

El libro de Hebreos nos indica que Dios nos habló de muchas maneras en el pasado, pero que su última versión es Jesús, quien resulta ser Dios mismo. Jesús es la última versión autorizada del Padre y, consecuentemente, deja obsoletas todas las versiones anteriores. Dios es como Jesús; el Maestro nos lo ha dado a conocer. Por tanto, cuando aparezcan contradicciones, sean estas reales o aparentes, no debemos nunca olvidar que siempre hay que interpretar la Biblia desde los ojos de Jesús y nunca al contrario.

NO HAY DIOS

 



El insensato piensa: "No hay Dios". (Salmo 53:1)


Hace ya varios años me encontré con uno de esos raros libros que cambian tu manera de pensar: "Los científicos y Dios" de Antonio Fernández Rañada y publicado por editorial Trotta. El autor, científico el mismo, dedica la primera parte de su obra a echar por tierra todas las típicas teorías acerca de la existencia de Dios. Realmente, después de leer esas páginas te quedas un poco trastornado. En la segunda parte, desmonta magistralmente la pretensión de la ciencia y, como consecuencia la razón, de ser la medida última de la realidad. Cuando la ciencia, afirma Fernández Rañada, declara que sólo lo material y científicamente "probado" existe, no está precisamente hablando de ciencia sino de filosofía. Vamos, que después de haber leído la primera y segunda parte de su obra te quedas sin religión y sin ciencia.

Entonces llega la tercera y, en mi opinión, maravillosa parte. Fernández Rañada afirma que a Dios no hay que buscarlo en la ciencia sino en el misterio. En su libro el misterio es definido como una dosis tan excesiva de realidad que el cerebro no puede procesarla. Sería como intentar hacer funcionar una vieja computadora Pentium 386 con la última versión del Windows; imposible, el procesador no puede manejar tanta información. Dios no es racional ni irracional, es suprarracional, va más allá de lo que la mente humana puede entender. 

Hace ya tiempo que la razón ha sido destronada como la reina del conocimiento. La sociedad postmoderna valora y se siente a gusto con el misterio y está abierta a formas de conocimiento que no son necesariamente "racionales". La necesidad de la razón de entender y categorizar todo y de negar aquello que se niega a ser categorizado nos abre la puerta a sentirnos a gusto con el misterio, la ambigüedad, lo incontrolable e inexplicable; en definitiva, con Dios. 

¿Necesitas poner a Dios en una caja?

RESILIENCIA (SALMO 52)



Por lo que a mí toca, siempre pongo mi confianza en el gran amor de Dios; yo, en su presencia, cobro vida como árbol cargado de frutos. (Salmo 52:8)


La resiliencia en psicología es la capacidad de pasar por medio de situaciones difíciles y salir fortalecido de las mismas. Pienso en nuestro país [España] que está en estos momentos viviendo en plena intensidad la segunda ola de la pandemia del coronavirus. Una segunda ola que coge a una buena parte de la población muy cansada mental, emocional y físicamente debido a todo lo que se tuvo que experimentar en el primer gran embate del virus. 

No se puede huir de la situación, no hay más remedio que afrontarla, como indicaba antes, con un cansancio ya de base, sin habernos recuperado plenamente de lo vivido durante los pasados meses. La encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas indicaba que el 54% de la población está muy preocupada por toda esta situación y una 38% bastante. Pero ¿Dónde encuentra la población los recursos para poderse renovar, para recuperarse, para obtener fuerzas para seguir viviendo estos tiempos tan duros? El bochornoso espectáculo de los políticos de uno y otro signo tratando de sacar rédito político al dolor y sufrimiento de otros no genera ni calma, ni certidumbre, ni mucho menos esperanza en las personas. 

Las palabras del salmista cobran mucho sentido para mí, el seguidor de Jesús encuentra su resiliencia, su renovación, nuevas fuerzas, en la presencia de Dios. Vamos a Él porque, honestamente, no hay otro lugar donde ir. Nos acercamos a su presencia porque nos puede dar todo aquello que otros no nos van a dar, confianza y esperanza. Recibimos nuevas fuerzas para poder apoyar a aquellos que no tienen ninguna.

Si sabes que Él te puede renovar ¿por qué tanta resistencia en ir a Él?

MÁS ACERCA DE LO QUE QUIERE DIOS (SALMO 51)

 


Yo con gusto te ofrecería animales para ser sacrificados, pero eso no es lo que quieres; eso no te complace. Para ti, la mejor ofrenda es la humildad. Tú, mi Dios, no desprecias a quien con sinceridad se humilla y se arrepiente. (Salmo 51:16-17)


Dios afirma que quiere misericordia y no sacrificios. La misericordia va orientada y tiene como destinatario a nuestro prójimo, reaccionamos ante sus necesidades y nos movemos para poderlas paliar en la medida de nuestras posibilidades. Lo hacemos como individuos y como comunidad, porque entiendo que esta petición es extensiva a nuestra manera de operar como seguidores de Jesús en el mundo.

Pero en este salmo la dirección es vertical, hacia Dios. David vuelve a insistir en que el Señor no precisa ni espera los sacrificios -o su equivalente contemporáneo en nuestras iglesias-, sino más bien un corazón correcto ante Él. De hecho, todo se resume al cambio de nuestro corazón. El Señor ya afirmó que mientras nosotros miramos el exterior, Él mira en interior, el corazón. Lo evalúa, pesa, examina, pues al fin y al cabo, de él nacen nuestras conductas. 

En resumen, está muy bien toda la parafernalia religiosa, pero esa no es la primera exigencia del Padre, para quien lo que cuenta es el estado del corazón que lo produce. Al fin y al cabo, eso es la integridad, la consistencia entre lo de dentro y lo de fuera.

¿Cuál es el estado de tu corazón?

QUÉ QUIERE DIOS (SALMO 50)

 


No tomaré el becerro de tu casa ni el macho cabrío de tus corrales, pues mías son las fieras del bosque y el ganado de los montes de pastoreo; conozco cada ave de las montañas y los animales del campo son míos. Si tuviera hambre no te lo diría, pues mía es la tierra y cuanto la llena. ¿Acaso como yo carne de toros o bebo la sangre de machos cabríos? (Salmo 50:10-13)

El Señor reflexiona con su pueblo acerca de los sacrificios. Al leer este pasaje, y otros similares en la Biblia, es evidente que hay un malentendido entre el Señor y su gente. Fue Él mismo quien estableció todo el sistema de sacrificios, sin embargo, este tenía que ser una expresión del interior del corazón y no tan sólo un acto desconectado de nuestro corazón. 

Puedo imaginar la cara de sorpresa del pueblo ante el mensaje de Dios. Puedo visualizarlos pensando y comentando entre ellos ¿Pero este qué quiere? ¿Qué espera de nosotros? La verdad, no hay quien lo entienda. Esto mismo nos puede pasar a nosotros; tal vez le estamos ofreciendo a Dios aquello que para Él no es en absoluto prioritario. Tal vez deberíamos ser mucho más intencionales en discernir que desea de nosotros y no dar por sentado.

Dios misma ha expresado qué desea de nosotros: "Misericordia quiero y no sacrificios". Es afirmado en el Antiguo Testamento y reafirmado por Jesús en el Nuevo. Esta es la prioridad que establece el Señor y uno no acaba de entender por qué una y otra vez pasamos por alto sus indicaciones y hacemos aquello que nos parece mejor. Tal vez será porque la misericordia va dirigida al prójimo. Tal vez porque nos implica acción, compromiso, cambio. Tal vez porque nos implica seguir los pasos de Jesús que se identificó e hizo suyo el dolor de las personas. Al fin y al cabo, los cultos de adoración y de alabanza no nos comprometen a nada, y si la música es buena, hasta lo pasamos bien.

¿Quién hay a tu alrededor que precisa de tu misericordia?

PERSPECTIVA ETERNA (SALMO 49)

 



Pero a mí Dios va a rescatarme de la garra del reino de los muertos, si, Él me llevará consigo. No recelaré si alguna se enriquece, si aumenta el prestigio de su casa, pues al morir nada podrá llevarse. (Salmo 49:15-17)


Perspectiva ¡Cuán importante es la perspectiva! ¡Qué difícil se vuelve vivir sin ella! Tenerla o no tenerla hace una gran diferencia en nuestras vidas, se trata de vivir en un pozo, donde no hay salida, o un túnel, que por lejos que esté y oscuro se perciba, sabemos que hay un final y que este llegará. 

Tantos años de materialismo científico han insistido una y otra vez que simplemente somos combinaciones químicas producto del azar y la necesidad. Nada hay de especial en nosotros. Comparados con un árbol o una roca, somos simplemente química mezclada de forma diferente por la pura obra del azar (Véase al respecto Jacques Monod si alguien siente la necesidad de entender esa perspectiva materialista de la vida humana) Consecuentemente, privados de perspectiva eterna solo nos queda el hoy y el aquí.

Parados en el hoy y el aquí, lo único que tenemos por cierto, miramos a nuestro alrededor y observamos que mucha química y mucha historia materialista pero no todos somos igualmente iguales. Unos pisan y otros son pisados, unos tienen de todo y otros no tienen apenas nada, unos mandan y usan el poder para imponerse y otros no tenemos más remedio que someternos. Ese pedazo de química que se supone que somos comienza a rebelarse ante la realidad y a pensar que no parece muy justo lo que vive y experimenta; pero, como carece de perspectiva sólo le queda la frustración, la resignación, la rabia.

El seguidor de Jesús tiene esa perspectiva eterna. Ciertamente está, como cualquier otro ser humano, rodeado de árboles pero, estos, no le impiden para nada poder ver el bosque que hay detrás. Puede vivir en situaciones oscuras, pero tiene la certeza de estar en un túnel, no en un pozo. Esa capacidad nace de la perspectiva eterna que nos genera esperanza y resiliencia.

¿Esperanzado, resiliente?

PASAR LA VOZ (SALMO 48)


 

Para poder anunciar a la generación venidera que este es Dios, nuestro Dios eterno, que Él es quien nos conduce por siempre. (Salmo 48:13-14)


No me parece excesivo afirmar que todos estamos preocupados por la generación que no sigue y qué tipo de legado le vamos a dejar. Si eres una madre o padre piensas cómo poderle pasar la fe a tus hijos. Si eres un líder te planteas de qué modo las nuevas generaciones podrán seguir los caminos del Señor y experimentarlo. Es normal esta preocupación, es más, es saludable y necesaria.

Pero, lo primero que nos hemos de plantear es qué queremos pasar a la nueva generación. Esta, como todas las anteriores, ha de decidir qué vale la pena conservar de la anterior, qué es desechable y qué van a incorporar que los hará únicos y singulares. El seguimiento de Jesús no es una excepción en este proceso.

Hemos de pensar si estamos anunciándoles una experiencia de vida o tan sólo un discurso ideológico, que por más que pensemos que es la verdad, está vacío de experiencia y vida. Dicen que la nueva generación huye del discurso -demasiados y contradictorios hay en su vida- y, por el contrario, busca la gentilidad y la experiencia. Por tanto, nosotros les podemos hablar del Dios eterno que nos guía y conduce, de la misma manera que podemos describir la Antártida, donde nunca hemos estado pero sabemos a través de Wikipedia. O, por el contrario, les podemos hablar y demostrar cómo en nuestra vida hemos experimentado y seguimos experimentando la presencia, guía, dirección y protección del Dios eterno. Hay muchas probabilidades que rechacen lo primero, pero al menos seguro que considerarán lo segundo.

¿Qué estás compartiendo con la nueva generación?