UN FAVOR OS PIDO



Finalmente, hermanos, un favor os pido por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu: apoyadme con vuestras oraciones ante Dios. (Romanos 15:30)


Las manos de Albert Durero se han convertido en un símbolo universal de la oración, al menos en el mundo protestante. Hoy las utilizó para ilustrar esta entrada, así como uso las palabras del apóstol Pablo para expresar mi necesidad. Si hoy lees esta entrada, este comentario, apóyame con tus oraciones porque el momento personal y familiar que vivo lo precisa y el Padre nos ha concedido el precioso e increíble privilegio de sostenernos mutuamente por medio de la oración.

Yo, abiertamente te lo pido. Al mismo tiempo, si sientes esa misma necesidad, pídelo en tu entorno y, finalmente, pregunta al Padre quién en tu ambiente necesita ser apoyado en oración.


 

PAUTA PARA LAS RELACIONES

 




Que cada uno de nosotros procure agradar a los demás, buscando su bien y su crecimiento en la fe. (Romanos 15:2)

El contexto de este pasaje continúa siendo la relación entre los seguidores de Jesús. Estas, seamos honestos y yendo más allá de los típicos tópicos, no son fáciles; nunca lo han sido, basta para ello leer las cartas del Nuevo Testamento en las que, prácticamente sin excepción, se tratan los retos y problemas derivados de la convivencia entre hermanos.

Pablo nos da una pauta sencilla pero tremendamente potente para que nos sirva de guía en estas relaciones: ser intencionales en agradar a los demás. Pero, para evitar el peligro de entender ese agradar como una sumisión incondicional al otro y sus caprichos o manías, lo especifica claramente. Agrado a los demás cuando de forma consciente e intencional procuro su bien y su crecimiento en la fe. Esta es la explicación, estos son los límites.

La pauta paulina antes descrita me es increíblemente útil en dos sentidos: Primero, cuando establezco una relación nueva con otro seguidor de Jesús, asegurarme que está regida por mi deseo de bendecirle y ayudarle a crecer en su fe. Segundo, es un buen criterio para evaluar las relaciones que ya tengo establecidas.

¿Podría nuestro círculo de relaciones afirmar que somos gente que les bendice y les ayuda a crecer en la fe?  El resultado de esta evaluación nos puede dar pautas para actuar.


ME GUSTA EL VINO

 



Más vale, pues, que te abstengas de carne, de vino o de cualquier otra cosa, antes que poner a tu hermano en trance de pecar. La fe bien formada que tú tienes, reservada para tus relaciones personales con Dios. ¡Dichoso el que puede tomar una decisión sin angustias de conciencia! (Romanos 14:21-22)


Me gusta el vino. Últimamente, no sé por qué, estoy apreciando más el blanco que el tinto o negro. Disfruto, sin embargo de ambos y doy gracias al Señor por estos pequeños placeres de la vida que me hacen disfrutarla más, especialmente, en compañía de buenos amigos o familia.

Ahora bien, entiendo que mi libertad en Cristo puede, como dice el apóstol, generar problemas de conciencia a los hermanos que, en sus propias palabras, tienen la fe poco formada. Por tanto, no tengo ningún problema en ceder a lo que es legítimo por amor a ese hermano débil, especialmente, cuando estoy en su territorio, en su cultura, ya que muchas de estas cosas tienen que ver con los trasfondos culturales de los que procedemos.

Pondré un ejemplo. En el seminario bautista donde yo estudié en los EE.UU. el consumo de vino, no sólo estaba prohibido en todo el recinto, sino que se consideraba una ofensa grave el hacerlo incluso en la intimidad del hogar. Sin embargo, en los mismos edificios del seminario había anuncios de compra venta de armas de fuego y a nadie le escandalizaba ese hecho ¡Salvo a mí, europeo que considera culturalmente eso una aberración!

Mucho se ha hablado acerca de la dictadura del hermano débil. Es decir, aquel que toma ventaja de lo que dice este pasaje y, consecuentemente, impide que muchas cosas se hagan en la congregación por miedo a no ofenderle. Creo que hablamos de dos niveles diferentes. En las relaciones interpersonales, por amor, puedo ceder y no usar mi libertad en Cristo para beber vino, seguiré el consejo del apóstol.

Sin embargo, eso no puede aplicarse a las dinámicas comunitarias, es decir, no toda la congregación debe someterse a los prejuicios culturales de un hermano débil. Antes al contrario, en amor, éste debe madurar y respetar la libertad en Cristo de otros. Lo vemos en Pablo, que era capaz de hacerse judío con estos y gentil con aquellos. Sin embargo, cuando los judaizasteis quisieron imponer la cultura judía sobre la libertad cristiana los encara, reto y desafío para que no lo hicieran.

Creo pues, que el manejo del hermano débil es diferente cuando hablamos de relaciones interpersnales y cuando lo hacemos de las comunitarias.

CUESTIONES OPINABLES



Acoged a los que tienen una fe poco formada y no os enzarcéis es cuestiones opinables. (Romanos 14:1)


El pensamiento único, la perspectiva única, la interpretación excluyente de la Biblia son, en opinión del apóstol Pablo, expresiones de una fe poco formada, carente de madurez. Lo afirma él, no yo, aunque no puedo estar más de acuerdo con él. Parece ser que en un mundo creado por el Señor que se caracteriza por la diversidad, nosotros nos esforzamos por imponer la uniformidad; una única visión, interpretación, manera de hacer las cosas. Pablo nos dice que eso es muy peligroso y en el capítulo 14 de Romanos nos da pistas para afrontarlo.

Primera, no tenemos, no nos ha sido concedido el derecho de juzgar la manera en que otros entienden y viven la fe. El juicio sobre ellos, como sobre nosotros, le corresponde única y exclusivamente a Dios. Nos metemos, pues, en terreno pantanoso cuando juzgamos a otros. El boomerang se nos puede volver contra nosotros.

Segunda, cada uno debe actuar según los dictados de su conciencia delante del Señor. No tienes el derecho de imponer esos dictados sobre otros. La conciencia es una cuestión muy personal entre cada seguidor de Jesús y el Maestro.

Tercera, cada uno de nosotros, afirma el apóstol en el versículo 12, deberá rendir cuentas de sí mismo ante Dios. No lo deberemos hacer por otros, no se nos pedirán explicaciones sobre lo que fulanito o menganito hicieron o dejaron de hacer. Por tanto, esforcémonos y dediquemos todas las energías que empleamos en criticar y juzgar a otros en ser más fieles, constantes y coherentes en el seguimiento del Maestro.

¿Qué puedes aplicar de lo aquí expuesto?

 

RENUNCIEMOS

 



La noche está avanzada, el día a punto de llegar. Así que renunciemos a las obras de las tinieblas y equipémonos con las armas de la luz. (Romanos 13:12)


La tensión luz - tinieblas es una constante en el Nuevo Testamento. Dios es luz, así es descrito por las Escrituras y no hay ningunas tinieblas en Él. La oscuridad se asocia con la maldad, la carencia de santidad, las motivaciones, valores y actitudes perversas. En definitiva, con el pecado y todo lo que de él se deriva. Una buena relación con Jesús es descrita como "andar en la luz", al margen de la oscuridad.

La invitación del apóstol a renunciar a las obras de las tinieblas no tiene tanto que ver con actos puntuales de pecado (oscuridad) en nuestras vidas. Antes al contrario, tendría relación con hábitos, costumbres, estilos de vida, valores, perspectivas ampliamente arraigadas y consentidas en nuestras vidas (sin duda, convenientemente justificadas o racionalizadas) que ya han pasado a formar parte de quienes somos. Son nuestras áreas oscuras.

Es por tanto necesario un ejercicio de introspección, de pedirle al Espíritu Santo nos muestre cuáles son esas obras de las tinieblas a las que debemos renunciar y afrontar el reto en obediencia, probablemente solicitando ayuda a otros hermanos que nos ayuden en la lucha contra las oscuridad.

¿Cuáles son las obras de la oscuridad que estás permitiendo en tu vida?



ESTÁS EN DEUDA

 



Si con alguien tenéis deudas, que sean de amor, pues quien ama al prójimo ha cumplido la ley. (Romanos 13:8)


Cada uno de los 44 millones de españoles, como consecuencia del aumento del gasto público, tiene una deuda de 30.000 euros. Ese es mi caso y el de cualquier españolito que nazca; no viene, a pesar de lo que dice el refrán, con un pan bajo el brazo, sino con una deuda inmensa.

Pablo nos dice que todos los seguidores de Jesús estamos en deuda, una deuda que define como de amor. Somos deudores de amar a toda la humanidad sin distinción; estamos en deuda de amor con todos y cada uno de los seres que habitan este planeta.

¿Cuál es el origen de esta deuda? Pues sencillamente el amor que el Señor ha tenido y continúa teniendo por nosotros. Al ser recipientes del mismo hemos contraído una deuda que debe ser pagada devolviendo ese amor a otros. Haced el bien a todos, nos dice Pablo escribiendo a los Gálatas. Amad incluso a vuestros enemigos, recalca Jesús.

Los pagos de esta deuda no se dan en términos emocionales; antes al contrario, en acciones prácticas y concretas de buscar el bien de la persona con la que estamos en deuda. Porque, al fin y al cabo, amor es la búsqueda intencional y pro-activa de la persona amada. El amor bíblico no es un sentimiento, es un acto de la voluntad. Son acciones, no buenas expresiones.

Pues ya sabes, a pagar tu deuda.

EL PROPÓSITO DE LA AUTORIDAD

 



Ya que están al servicio de Dios para hacer el bien. (Romanos 13:4)


Pablo establece con claridad que el principio de la autoridad, el gobierno, ha sido establecido por el Señor. También, en este pasaje de Romanos nos indica cuál es el propósito del mismo; promover el bien y ponerle coto al mal (13:3). Desde mi humilde punto de vista un gobierno o liderazgo es legítimo en la medida que cumple los propósitos diseñados por el Señor para la autoridad.

Dicho de otro modo, no me siento obligado a obedecer a un gobierno u otro tipo de liderazgo que hace un uso de la autoridad alejado del propósito del Señor. Gobiernos, incluso liderazgos eclesiásticos, que solo buscan su propio beneficio, que usan los recursos del poder para favorecerse a ellos mismos y sus allegados, que generan políticas que son injustas y no promueven el bien común, no estamos obligados a obedecerlos ni someternos a ellos y sus políticas mezquinas.

Sin duda, lo que afirmo tiene sus peligros, por eso hemos de usar el discernimiento y la dependencia del Padre para juzgar la legitimidad o no de un gobierno. La llamada a la desobediencia civil no se lleva a cabo porque no me gustan determinadas políticas o no estoy de acuerdo con determinadas decisiones. Se hace en base a lo afirmado por Pablo, promover el bien y combatir el mal. Eso llevo a las comadronas de Egipto a oponerse a Faraón y a Martin Luther King al gobierno de los Estados Unidos.

¿Qué criterios usas para juzgar a tu gobierno? ¿Simpatía o antipatía? ¿Qué puntuación sacaría tu gobierno a la luz de los criterios paulinos?

¡DEBEMOS OBEDECER AL GOBIERNO?

 



Todos deben acatar la autoridad que preside, pues toda autoridad procede de Dios y las autoridades que existen han sido establecidas por él. (Romanos 13:1)


Toda la primera parte del capítulo 13 está dedicada al tema de la autoridad y, por tanto, es recomendable su lectura para tener un claro contexto. El tema también exigirá más de un comentario.

El gobierno, la autoridad, es una de las instituciones, juntamente con la familia, que pertenecen a lo que se denomina el orden de la creación. Establecidas por el Señor desde el principio no conocemos ninguna sociedad por atrasada o desarrollada que sea que carezca de ambas. El gobierno y la familia se podrán expresar de formas muy diferentemente culturales, pero no podemos rastrear su ausencia a lo largo de la historia. Siempre hay familia, siempre hay autoridad o gobierno.

Ahora bien, se plantea aquí un tema de interpretación. ¿Está Pablo estableciendo el principio de la autoridad, es decir, que está proviene del Señor y forma parte de su plan soberano? o ¿Está el apóstol afirmando que cualquiera que usa el principio de la autoridad lo hace en nombre del Padre? El principio establecido por Dios merece respeto y obediencia, pero ¿Lo merecen aquellos que ocupan los lugares de autoridad, sea en la vida civil o eclesiástica? No siempre los individuos al frente de la autoridad son dignos, merecedores de nuestro respeto, sumisión y obediencia y el propio Pablo explica qué criterios usar para hacerlo o no.

¿Cuáles piensas que serían? Búscalos en el resto del pasaje. Mañana compartimos.

VENCER AL MAL

 



No permitas que te venza el mal, antes bien, vence al mal a fuerza del bien. (Romanos 12:21)


Mira a tu alrededor. El mal es una realidad pervasiva en todas las dimensiones de la vida, incluido tú mismo. A menudo, esta realidad lleva a los seguidores de Jesús a escandalizarnos y adoptar una actitud apolítica. Las cosas van a mal e irán a peor. No hay nada que podamos hacer ante el triunfo aparente y real del mal.

No estoy de acuerdo. Jesús comenzó su primer sermón indicando que el Reino de los Cielos se ha acercado al mundo y no para de avanzar. Desde ese momento el mal no para de retroceder y nosotros estamos llamados a colaborar en esa victoria; victoria que no sabemos cuánto tardará en llegar pero que está cantada.

La estrategia es simple, cada día, cada seguidor del Maestro, está llamado a extender el Reino por medio de la práctica indiscriminada del bien. Cada acto de bondad es un cuartel ganado por el Reino, es un territorio perdido por el mal. Cada vez que hacemos el bien el mal retrocede y es derrotado. Así lo dice la Escritura y, por tanto, suficiente motivación para nosotros.

Así pues, cada día hemos de escoger con cuál bando queremos alinearnos. Las armas del Reino son infalibles y podemos usarlas. Pero, también podemos ser miserables traidores alineándonos con el enemigo y dándole la espalda a Jésus y al Reino.




ENVIDIA, ARROGANCIA, ACEPTACIÓN

 



En virtud del don que me ha sido otorgado me dirijo a todos y a cada uno de vosotros para que a nadie se le suban los humos a la cabeza, sino que cada uno se estime en lo justo, conforme al grado de fe que Dios le ha concedido. (Romanos 12:3)


En mis cincuenta años de ministerio he experimentado dos de los grandes pecados que todo líder (en realidad diría que todo seguidor de Jesús) tiene la tendencia a experimentar. la envidia y la arrogancia.

El liderazgo, sea secular o religioso, se convierte con mucha frecuencia en una fuente de validación personal. El estatus, reconocimiento, poder, autoridad, proyección pública e influencia asociados con la posición de líder nos validan, nos hacen sentir que somos algo, alguien. Por tanto, no es difícil que sintamos envidia de aquellos que han crecido o conseguido más cuotas que nosotros. También, cual pavos reales, sentir arrogancia hacia aquellos que están por debajo de nuestro estatus.

Sigo siendo propenso a ambos pecados. El tiempo no los ha eliminado, pero si me ha enseñado a gestionarlos. ¿Cómo lo hago? Varias ideas que uso que tal vez pueden ayudarte. 1. Todo lo que tengo en términos de capacidades espirituales, mentales, etc., me ha sido dado, por tanto, poco orgullo se puede tener en lo que te regalan. 2. Mi valoración y dignidad como persona no proviene de lo que hago, tampoco del estatus o prestigio social; vienen del Padre y la condición de hijo que me ha otorgado. 3. Soy feliz, hago feliz al Padre y bendigo a otros cuando justamente me alineo con aquello que único y singular que puedo contribuir al cuerpo. 4. Me siento feliz tal y como soy y desde esa felicidad sirvo a los demás, con aceptación, sin envidias por lo que no soy, ni arrogancia por lo logrado.

¿Cómo lo vives tú?