SER DISCÍPULO EN EL SIGLO XXI. LA GRAN HISTORIA DE DIOS. REBELIÓN 14

 



A la mujer le dijo: — Multiplicaré sobremanera las molestias en tus embarazos, y con dolor parirás a tus hijos. Tendrás ansia de tu marido y él te dominará. (Génesis 3:16)

Homo homini lupus. Es una frase latina que significa: "El hombre es un lobo para el hombre".  Y refleja muy bien lo que hemos visto acerca de cómo el pecado rompe las relaciones interpersonales y hace que unos seres humanos abusen de otros en base a diferencias. No creo que la subordinación sea lo decretado por Dios, sino,  que esto es lo que el pecado, nuestra declaración de independencia con respecto al Señor, ha introducido en el mundo y, de manera específica, en las relaciones entre los seres humanos. Porque, en el principio no era así.

Veamos ahora el segundo factor. El resultado actual, unos seres humanos abusando de otros, no refleja el carácter de Dios. En este versículo 3:16, el Señor no está castigando a la mujer a estar sometida y maltratada por el hombre. Sería totalmente contrario al carácter del Señor que es amor, bondad y misericordia. Dios está poniendo de manifiesto la realidad de que el pecado ha alterado su creación -que como ya vimos afirmó que era muy buena- e introducido factores de distorsión en todos los ámbitos de la misma, la relación con Dios, del ser humano consigo mismo, con otros seres humanos y con la creación en su conjunto. Al afirmar el dominio del hombre sobre la mujer el Señor no castiga, simplemente clarifica las consecuencias imprevistas y, con total seguridad, indeseadas de la rebelión del ser humano. En el próximo capítulo, veremos un paso más en el proceso de degradación de esas relaciones, Caín, con alevosía y premeditación matará a su hermano Abel. 

¿Hasta qué punto eres homo himini lupus?


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A la mujer le dijo: — Multiplicaré sobremanera las molestias en tus embarazos, y con dolor parirás a tus hijos. Tendrás ansia de tu marido y él te dominará. (Génesis 3:16)

Seguimos con la descripción de cómo el pecado fracturó las relaciones entre los seres humanos. Vimos como Adán y Eva se enfrentaron y culparon el uno al otro en vez de solidariamente aceptar responsabilidad por su acción. La interpretación del versículo que encabeza esta entrada tiene muchas, pero que muchas implicaciones.

Diferentes versiones lo han traducido de formas distintas. La Biblia de Nuestro Pueblo lo expresa diciendo y él te dominará. La Biblia de las Américas y la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy han traducido este versículo del siguiente modo, y él tendrá dominio sobre ti. La Nueva Traducción Viviente opta por él gobernará sobre ti. Cuando nos acercamos a la interpretación hemos de tener, según mi modesta opinión, en cuenta dos factores. El primero, es el contexto de las consecuencias que el pecado ejerce sobre las relaciones interpersonales. El segundo, es el carácter de Dios.

Veamos el primero. Las relaciones antes de la rebelión contra la autoridad de Dios estaban caracterizadas por la igualdad, el amor y el respeto mutuo entre el hombre y la mujer. Los dos estaban hechos a la imagen del Señor y únicamente de forma conjunta -varón y varona- reflejaban con precisión esa imagen. La declaración de independencia del ser humano rompe esa armonía e introduce una ruptura en las relaciones que, como vemos aquí explicado por Dios y certificado por la historia y nuestra experiencia, pasan de la igualdad y armonía al dominio, la explotación, la sumisión y el enfrentamiento. En el caso que nos ocupa es por una razón de género, sin embargo, todos sabemos que unos seres humanos explotan y abusan de otros por su raza, origen social, trasfondo cultural, ingresos económicos, religión y un largo etcétera.

¿Cuáles son los colectivos que desprecias por ser diferentes?


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El hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me ofreció de ese fruto y yo lo probé. (Génesis 3:12)

Hemos visto que el pecado rompe la relación con Dios y nos rompe internamente. Pero, una tercera consecuencia del mismo es que se rompe nuestra relación con otros seres humanos. En Génesis 3 vemos que Adán no asume su responsabilidad de forma solidaria con Eva, antes bien, no le importa hundir a su compañera si a cambio puede salvar su pellejo. Es una actitud de ¡Sálvese quien pueda!

Si seguimos avanzando en las páginas del libro de Génesis veremos como la ruptura en las relaciones interpersonales no hace sino crecer y crecer. En el capítulo 4 veremos cómo Caín mata a su hermano Abel por un asunto de celos, envidias e ira. En este sangriento episodio podemos ver como la ruptura interna de Caín -celos, envidia, ira- le lleva a la ruptura en la relación con su hermano que, finalmente, desemboca en su asesinato. 

La enseñanza de Génesis es real como la vida misma. Nadie que lea este escrito puede afirmar que no tiene relaciones interpersonales rotas. Nadie puede decir que no ha causado daño de forma intencional y lo ha recibido de otros. La gran historia de Dios nos da la pauta para interpretar el origen.

¿Cómo se demuestra en tu experiencia la realidad de que el pecado rompe relaciones?



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No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago. Pero si lo que hago es lo que no quiero hacer, reconozco con ello que la ley es buena. Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer. Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.  Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso. (Romanos 7:15-23)

Pablo explica de manera magistral la experiencia de ruptura interna del ser humano. La desobediencia, la rebelión, nuestra declaración de independencia con respecto a Dios ha traído como consecuencia una experiencia humana fracturada de la que tú y yo participamos plenamente. Esta parte de la historia de Dios lo que hace es dar una explicación a mi humanidad, decirme por qué la vivo de esa forma tan rota, fracturada y, en ocasiones, insufrible. Porque, realmente, el ser humano con el que resulta más difícil convivir es con uno mismo. Podemos alejarnos de Dios, podemos alejarnos de otras personas pero, lamentablemente, no podemos huir de nosotros mismos y nuestra experiencia humana fracturada. 

¿Qué podemos hacer con esta realidad de ruptura interior con la que vivimos?

 

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Ya vimos que el pecado no solo rompe nuestra relación con Dios, nos rompe internamente. Somos personas rotas, fracturadas, quebradas. Vivimos en una esquizofrenia interior entre nuestra capacidad de entender, valorar y aspirar al bien y la realidad de que, con demasiada frecuencia, rompemos nuestros propios códigos y valores. Todos nosotros nos sentimos avergonzados de las cosas que somos capaces de desear, las motivaciones que pueden llegar a impulsarnos, las acciones u omisiones que, en un momento dado, podemos llevar a cabo. Vivimos en contradicción con nosotros mismos. El apóstol Pablo lo describió de forma magistral cuando al dirigirse a los cristianos que formaban parte de la comunidad de Roma, en el capítulo 7 (Vale la pena que lo leas con esto en mente)

La desobediencia, la rebelión, nuestra declaración de independencia con respecto a Dios ha traído como consecuencia una experiencia humana rota de la que tú y yo participamos plenamente. Esta parte de la historia de Dios lo que hace es dar una explicación a mi humanidad, decirme por qué la vivo de esa forma tan rota, fracturada y, en ocasiones, insufrible. Porque, realmente, el ser humano con el que resulta más difícil convivir es con uno mismo. Podemos alejarnos de Dios, podemos alejarnos de otras personas pero, lamentablemente, no podemos huir de nosotros mismos y nuestra experiencia humana fracturada. 

¿Hasta que punto refleja Romanos 7 tu experincia vital?


 

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En ese mismo instante se dieron cuenta de lo que habían hecho y de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y las cosieron para cubrirse con ellas.  Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles. Pero Dios llamó al hombre y le preguntó: —¿Dónde estás?Y el hombre le contestó: —Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso corrí a esconderme. (Génesis 3:7-10)

Vimos que la rebelión del ser humano contra Dios rompe la relación entre ambos; pero también podemos observar que produce una ruptura interna en el ser humano. Génesis 3 nos habla de toda una serie de estados de ánimo auto destructivos que, antes de su rebelión, eran totalmente desconocidos para Adán y Eva pero, que a partir de ahora, pasan a ser parte consustancial de nuestra experiencia humana. En el capítulo tres podemos observar el miedo, la culpabilidad, la vergüenza. Si vamos al capítulo cuatro -como veremos más adelante- podremos notar la ira, la rabia, los celos y la envidia En la experiencia de Caín. Esta lista es simplemente descriptiva y no pretende ser, en ninguna manera, exhaustiva.  El punto central que se trata de enfatizar es que somos seres rotos, fracturados, fragmentados; todos nosotros sin excepción y, según la gran historia de Dios, esto se debe a que hemos perdido la conexión con el Señor.

¿Qué evidencias hay en tu propia experiencia de esta fractura interna?




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Cuando el hombre y la mujer sintieron los pasos de Dios, el Señor, que estaba paseando por el jardín al fresco de la tarde, corrieron a esconderse entre los árboles del jardín para que Dios no los viera. (Génesis 2:7-9)

El ser humano comienza a experimentar las consecuencias de su rebelión y declaración de independencia con respecto a Dios y su autoridad. La primera es una ruptura en la relación del ser humano con Dios.

El versículo 7 vuelve a plantear el tema de la desnudez y la necesidad, después, tan sólo después de haber desobedecido a Dios, de su cubrir su desnudez. Ya comenté la relación de la desnudez con la transparencia. Antes de su rebelión Adán y Eva no tenían nada que ocultar al Señor. Ambos podían ser totalmente transparentes física, emocional y espiritualmente. No sucede ahora lo mismo, ya tienen algo que ocultar. La transparencia con Dios no puede ser total y, por eso, la necesidad de tapar y cubrir su desnudez. El problema, como bien sabemos y hemos experimentado, es que el Señor escudriña, observa, investiga hasta lo más profundo del corazón y ante Él todo se pone de manifiesto sin que nada pueda ser encubierto. Sin embargo, como todos sabemos por pura experiencia, hay que intentarlo al menos.

Los versículos nos muestran el cambio significativo que se ha producido en la relación entre el ser humano y Dios. Previamente a la desobediencia y rebelión esta era franca y abierta. Era una relación con una comunicación fluida y constante. Adán y Eva y el Señor estaban cercanos y experimentaban esa relación significativa de la cual ya hemos hablado. Pero ahora, ante Su presencia huyen y sienten la necesidad de esconderse. Experimentan miedo, vergüenza y culpabilidad y todo esto les impulsa a esconderse del Señor. El ser humano se esconde porque se siente culpable y se siente así porque, sencillamente, lo es.

Recordemos que estamos hablando en el contexto de la cosmogonía cristiana. Estamos intentando comprender el porqué de cómo somos y cómo actuamos. Desde entonces el ser humano, debido a la culpabilidad de haberse rebelado contra Dios, sigue huyendo de Él impulsado por un sentido de culpa. Juan, en su evangelio, en el capítulo 3 lo explica del siguiente modo:

16 Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. 18 El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios. 19 Los que no creen, ya han sido condenados, pues, como hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo prefirieron la oscuridad a la luz. 20 Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo. 21 Pero los que viven de acuerdo con la verdad, se acercan a la luz para que se vea que todo lo hacen de acuerdo con la voluntad de Dios.

Creo que este sentido universal de culpa, esta necesidad inconsciente de huir de Dios es la que explica que habla acerca de Él provoque tanta incomodidad en las personas. Normalmente, con la mayoría de las personas, es posible hablar sobre cualquier tema pero cuando el tema de Dios sale a relucir en muchas de ellas se produce una incomodidad que, a menudo, ni siquiera saben a qué es debido. El tema religioso remueve cosas muy profundas en nuestro inconsciente donde, seguimos sintiéndonos culpables ante Dios y, consecuentemente, necesitamos seguir huyendo y cubriendo nuestra desnudez con todo tipo de hojas de higuera contemporáneas. 

¿Cuál es tu respuesta instintiva cuando pecas?


 

SER DISCÍPULO EN EL SIGLO XXI. LA GRAN HISTORIA DE DIOS. POR QUÉ LAS NARRATIVAS SON IMPORTANTES

 



Yubal Harari, es el autor del Sapiens y Homo Deus. En su libro: "21 lecciones para el siglo XXI" habla de los retos que el futuro plantea a la humanidad, especialmente al pensar en la inteligencia artificial combinada con la biotecnología.  Al reflexionar sobre el impacto que ambas dimensiones tendrán sobre la vida humana afirma:

"Hoy en día ya nos estamos convirtiendo en minúsculos chips dentro de un gigantesco sistema de procesamiento de datos que nadie entiende en realidad. A diario, absorbo innumerables bits de datos mediante correos electrónicos, tuits y datos. No sé exactamente dónde encajo yo en el gran esquema de las cosas, ni cómo mis bits de datos se conectan con los bits producidos por miles de millones de otros humanos y de ordenadores. No tengo tiempo de descubrirlo, porque estoy demasiado ocupado contestando a todos estos correos electrónicos".

Por eso, por eso es tan importante entender la gran historia de Dios y que lugar ocupamos en la misma, nos da un marco de referencia, nos proporciona identidad, sentido y propósito de vida.

SER DISCÍPULO EN EL SIGLO XXI. LA GRAN HISTORIA DE DIOS. REBELIÓN 7

 


Así que tomó del fruto y comió, dándoselo seguidamente a su marido que estaba junto a ella y que también comió. (Génesis 3:6)

Este breve pasaje, siempre en el contexto de la gran historia de Dios, introduce el concepto de pecado. El mismo es presentado como un acto de rebelión, de desobediencia contra la voluntad soberana de Dios. El ser humano decide declararse independiente y autónomo con respecto a Dios y su señorío. Se sustrae a la jurisdicción del Señor y consuma, de este modo, la tentación de ser igual a Dios.

A mí me ayuda a entenderlo, sin que la comparación tenga ninguna connotación positiva o negativa, la declaración de independencia que los diferentes países de la América de habla española hicieron hace unos doscientos años. A comienzos del siglo XIX decidieron declararse independientes y dejaron de reconocer la autoridad de la monarquía española, se sustrajeron de su jurisdicción. Yo hubiera hecho lo mismo en este caso.

El pecado no es lo que hacemos o dejamos de hacer. El pecado, en su esencia, no es una conducta sino más bien es una actitud, es decir, nuestra posición de rebelión, de desobediencia, de independencia con respecto al Señor y su soberanía. Lo que nosotros de forma coloquial denominamos "pecados" son mas bien los síntomas, las manifestaciones externas de un serio problema interno, a saber, nuestra rebelión y desobediencia contra Dios.

Es importante distinguir entre los síntomas de una enfermedad y la causa de fondo que la provoca. Fiebre, vómitos, cansancio, etc., pueden ser serias evidencias que nos ayudan a detectar algo más profundo que las está causando, por ejemplo, una grave infección intestinal que puede resultar mortal para la persona. Si nos centramos en atacar los síntomas externos podemos camuflar el problema de raíz que los causa, y mientras aliviamos síntomas dejamos intacta o incluso creciendo la problemática de fondo. Cuando los cristianos nos centramos en atacar los síntomas olvidando que son una manifestación de una causa más profunda, nos convertimos en moralizadores, que acometen contra las conductas buscando conformidad pero dejando intacto el corazón.

El pecado es un problema profundo, es un problema del corazón tal y como indicó Jesús en Mateo 15:18-20. Para la antropología hebrea el corazón no tiene nada que ver con las emociones. Es el centro de control y decisión en la vida de los individuos. Es el lugar desde el cual se gobierna la vida y destino de los individuos. Por eso, la Biblia habla de que el ser humano necesita un cambio, un cambio que es expresado en términos de un nuevo corazón (Ezequiel 11:18-20; Ezequiel 18:30-32; Ezequiel 36:26) Nuestro lenguaje popular evangélico lo ha recogido cuando afirma que invitamos a Jesús a que entre en nuestro corazón, es decir, en el centro de control de nuestras vidas.

Es importante entender el concepto bíblico de pecado puesto que si nos fijamos únicamente en la conducta podemos cambiar esta dejando intacto el corazón que puede seguir viviendo en rebelión contra Dios, independiente de Él, en desobediencia a su voluntad. 

¿Por qué es importante entender que el pecado es un problema del corazón?


SER DISCÍPULO EN EL SIGLO XXI. LA GRAN HISTORIA DE DIOS. REBELIÓN 6

 





La segunda cosa que llama la atención es la tentación (De nuevo, mira Génesis 3:1-6) . La serpiente se acerca a Eva cuestionando las motivaciones de Dios al pedir que no comieran del fruto del árbol prohibido. En mi opinión, al decretar semejante prohibición el Señor estaba concediéndole al ser humano la libertad de escoger algo, que como ya expresé, es necesario para poder tener esa relación significativa que Dios buscaba. Al mismo tiempo, el decreto del Señor tiene como propósito determinar de forma clara las responsabilidades que se derivarían de un acto de desobediencia. Ya hemos hablado que libertad y responsabilidad son binomios inseparables. Además, explicando las consecuencias que traería consigo el quebrantamiento del mandato de Dios, Él estaba protegiendo al ser humano de repercusiones indeseadas -la muerte- derivadas de su conducta.

Pero la serpiente cuestiona todas estas motivaciones. Coloca la duda en la mente de Eva acerca de la bondad que Dios haya podido tener a la hora de hacer semejante prohibición y, a la vez, miente de forma descarada acerca de las consecuencias del acto de desobediencia. Afirma que no solamente no morirán, sino que serán como Dios, conocedores del bien y del mal. 

La gran tentación del ser humano es ser igual a Dios. Eso implica sustraerse de su autoridad y su jurisdicción, convertirse él mismo en el centro de su propio universo desplazando al Señor de esa posición central. El ser humano recibe la tentación de ser autónomo, independiente, su propio dios y rey. Este ser igual a Dios se plasma en el conocimiento del bien y del mal por ellos mismos. Pero miremos bien el contexto. Ambos sabían lo que era el bien y era el mal ya que el Señor lo había decretado y explicado. Sin embargo, no lo habían experimentado en su propia realidad.

Ser iguales a Dios significa que ellos mismos determinarán qué es el bien y qué es el mal. Ya no será el Señor quien lo determine. Ya no habrá una autoridad externa que tome esas decisiones. Ahora bien, cuando no existe esa autoridad externa ¿Cómo puede el ser humano determinar el bien y el mal? Parece fácil, el bien es aquello que me favorece, gratifica o interesa. El mal es lo contrario. ¿Cómo puede ser bueno algo que va contra mis intereses, deseos, impulsos o beneficios? ¿Cómo puede ser malo lo contrario? El libro de Jueces en 21:25 lo define con total claridad, Porque era un tiempo en que no había rey en Israel y cada uno hacía lo que le venía en gana. Cuando no hay autoridad externa cada uno determina su propio bien. Eso se llama relativismo. 

¿Cuál es en la práctica tu criterio para decidir qué es correcto e incorrecto?