ABANDONADO POR DIOS (SALMO 22)

 



Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Está lejos mi salvación y son mis palabras un gemido. Dios mío, te llamo de día y no me respondes, de noche y no encuentro descanso. (Salmo 22:1-2)

La realidad es objetiva, la experiencia es subjetiva. Experimentamos las cosas según las vemos, no necesariamente tal y como son. Por eso el salmista eleva al cielo estas palabras, es así como está experimentando en esos momentos su relación con el Señor. Son las mismas palabras que usará Jesús momentos antes de su muerte, la misma exclamación de soledad y alejamiento de Dios.

Sabemos que esa experiencia del Señor no es conforme a la realidad. Él ha prometido no dejarnos ni abandonarnos, estar con nosotros cada día hasta el fin; sin embargo hay momentos en la vida en que esa afirmación de las Escrituras no acaba de calar en nuestra experiencia, no sentimos al Señor, tenemos una profunda sensación emocional de que ha perdido el interés por nosotros ¿cómo si no podemos explicar su silencio, su aparente inacción?

Aprendo de este pasaje la libertad que Dios nos da de expresarle nuestras emociones, no de una manera políticamente correcta, sino con la brutal honestidad de aquel que expresa lo que piensa y siente sin filtros en el momento del dolor y la tribulación. Nuestras emociones son legítimas y tenemos todo el derecho del mundo para expresarlas y hablarlas con el Señor, Él nos lo concede.


¿Cuál es tu estado emocional, qué deberías expresarle, qué te impide hacerlo?

ENEMIGOS (SALMO 21)

 





Tu manos golpeará a tus enemigos, tu diestra golpeará a tus adversarios. (Salmo 21:8)

Hay algunos pasajes de la Biblia acerca de los cuales es difícil meditar y construir el puente entre la Palabra y la realidad que uno vive. El salmo 21 es, en mi modesta opinión, uno de ellos. Estoy seguro que habrá estudiosos bíblicos que sabrán exprimir este pasaje como si fuera un limón y encontrarán una gran cantidad de contenido. Yo no he sabido hacerlo. 

El salmista habla de los enemigos de Dios y su reacción ante ellos. Me preguntaba quiénes son los enemigos de un Dios que envió a su hijo a morir por nosotros cuando éramos aún pecadores. Cuando aún continuamos siéndolo. ¿Odia el Señor a alguien? No hay duda que hay grados de maldad en el mundo; existen personas muy pero que muy malas. Que causan dolor y sufrimiento a otros seres humanos sin el más mínimo remordimiento, con total falta de vergüenza o culpa. La dimensión de su maldad es superior a la mía. Aunque también es cierto que es posible que en mí haya miedo o falta de oportunidad para ser malvado. La materia prima está presente en mí. En definitiva, lo que quiero enfatizar es que parece normal que el Señor odio a esos y me mire a mí con ciertas condescendencia. 

Yo no creo que Dios odie a nadie, pero estoy seguro que odia el mal allá donde se presente y se manifieste sea de "baja intensidad" como en mi caso, o de "alta intensidad" como en un traficante de drogas o seres humanos. Pienso que, consecuentemente, nosotros debemos también odiar el mal allá donde se presente y combatirlo allá donde sea posible, en nuestras vidas, entorno y en otros. El Padrenuestro, la oración que Jesús nos enseñó, nos habla algo al respecto cuando pedimos que venga su reino y que nos libre del mal.

¿Cuál es tu actitud ante el mal de baja y alta intensidad? ¿Cómo lo combates?

SEGURIDAD (SALMO 20)

 



Unos confían en sus carros, otros en sus caballos, nosotros invocamos al Señor nuestro Dios. (Salmo 20:7)

Soy consciente de que el tema de la confianza no es bueno; pero ¡Qué le vamos a hacer! Es un tema recurrente en las Escrituras, una y otra vez. Hay una definición de confianza que me encanta: "la medida en la que me siento seguro con algo o alguien" Hay una relación indudable entre ambas cosas. El salmista plantea una cuestión espinosa ¿Qué es lo que nos otorga seguridad? ¿En qué o quién la buscamos? 

Creo que la la búsqueda de seguridad forma parte de nuestro ADN como especie. Somos vulnerables, especialmente física y emocionalmente. Tenemos la bendición/maldición de vivir en tres dimensiones, pasado, presente y futuro. En ocasiones, las experiencias del pasado han sido tan traumáticas o impactantes que condicionan nuestro presente. En otras, nuestra capacidad de proyectarnos al futuro nos hace visualizar todo tipo de escenarios difíciles y, por tanto, tratar de sentirnos seguros ante estos. 

Me gusta porque la invitación del salmista no es a minimizar la realidad. Tampoco tratar de ignorarla o quitarle importancia o gravedad. Ser creyente es ser realista con la vida y ante la vida, pero al mismo tiempo depositar nuestra confianza -seguridad- en el Dios que controla el universo y nuestra vida personal. Si no lo hacemos en Él lo haremos en otros u otras cosas pero, la búsqueda de seguridad es una necesidad humana de la que no debemos avergonzarnos.


¿Dónde buscas seguridad?

SABIDURÍA (SALMO 19)

 



La ley del Señor es perfecta, reconforta al ser humano; el mandato del Señor es firme, al sencillo hace sabio. (Salmo 19:7)

Vivimos en la era del conocimiento, la sociedad de la información. Nunca antes en la historia había habido tanto conocimiento disponible, para tantas personas y de una forma tan sencilla. No es exagerado afirmar que nos encontramos ante las generaciones más informadas y formadas de toda la historia de la humanidad. Todo al alcance de un clic. Ahora bien, otra cosa es poder diferenciar entre tanta información cuál es cierta, cuál no lo es, cuál es relevante o carece de relevancia. Aún más épica es la tarea de darle sentido y significado a todo el cúmulo de información a la que podemos acceder.

Información y sabiduría no son sinónimos. He conocido gente excepcionalmente formada y con una gran carencia de sabiduría y al revés. La sabiduría es definida en las Escrituras como la capacidad de vivir bien, de saber vivir, de encontrarle sentido y significado a la existencia. El respeto y reverencia a Dios y el cimentarnos en su Palabra es lo que nos da la capacidad para vivir bien, lo que nos otorga la sabiduría. Pero yo añadiría una matización más; Jesús afirmó que el sabio -el que sabe vivir- no es, únicamente el que conoce las Escrituras, sino aquel que las pone en práctica. Del mismo modo que he conocido a muchas personas formadas pero carentes de sabiduría, también he conocido y conozco a muchos que saben un montón de Biblia pero no son sabios, su estilo de vida no muestra sabiduría y, como afirmó el Maestro, somos conocidos por nuestros frutos.


¿Sabio o conocedor?

HOMO CURATOR, PREDATOR, RESTITUTOR



La tierra va a ser maldita por tu culpa (Génesis 3:17)

El título de esta entrada, curator, predator y restitutor, resume el viaje del ser humano en su relación con Dios y su creación. En Génesis la humanidad recibió de parte del Señor la responsabilidad de ser un mayordomo, un cuidador, un curator de su creación. En contra de lo que comúnmente se piensa, el encargo de Dios no representaba una licencia para que hiciéramos lo que nos viniera en gana con su obra. El Señor continúa siendo el propietario -De Dios es el mundo y su plenitud, la tierra y todos los que en ella habitan, afirma el salmo-. La palabra hebrea conlleva la idea de un cuidado primoroso y tierno. Eso es lo que se esperaba de nosotros.

 Pero como consecuencia del pecado el hombre paso de curator a predator. Estamos destruyendo la creación de Dios desde el principio. En estos momentos, lamentablemente, ha aumentado tanto nuestra capacidad de destrucción que podríamos arrasar con todo el planeta y toda forma de vida. Los cristianos somos, en el mejor de los casos, cómplices con nuestro silencio. En el peor de los casos, cómplices activos con nuestros estilos de vida. Nunca he visto ni he oído a nuestras iglesias clamar contra esa destrucción masiva de nuestra herencia. 

Pero cuando conocemos a Cristo y entramos en una relación personal con Él nos convertimos en restitutors, en restauradores. Nos unimos al Señor en su deseo de que su Reino venga, de reconciliar todas las cosas, de hacer que el ser humano y este mundo sean lo que tuvo en mente cuando afirmó que, todo era muy bueno, y no la porquería en que el pecado, tan a menudo con nuestra complicidad, ha hecho.


¿Eres curator, predator, restitutor?

¿CÓMO LO SABES? (SALMO 18)

 



Te quiero, Señor, eres mi fuerza. El Señor es mi bastión, mi baluarte, el que me salva; mi Dios es la fortaleza en que me resguardo; es mi escudo, mi refugio y mi defensa. (Salmo 18:1-2)

En este salmo David explica quién es el Señor para él. Lo define con palabras muy potentes, de gran significado. Todos los que conocemos la vida del rey sabemos que esas afirmaciones no eran meras declaraciones pomposas, su vida las demostraban y ponían de manifiesto que eran reales.

¿Quién es Dios para ti? ¿Cómo sabes que eso real en tu vida? Algo que he aprendido a lo largo de los años de trabajo en el mundo de la educación es que las grandes declaraciones acerca de cosas carecen de sentido si no pueden ser identificadas en conductas claras y visibles en la vida cotidiana. Trataré de explicarme. Si yo afirmo que el Señor es mi fortaleza en quien me resguardo, no cabe duda que es una afirmación bonita, digna de ser subrayada en mi Biblia, que incluso puede mover mi corazón a cantarle y darle gracias. Ahora bien ¿Qué conductas demuestran que eso es real en mi vida? Cuando miro a la misma ¿Cómo sé que realmente vivo y tengo incorporada esa realidad?

Jesús lo afirmó de una manera muy clara, por sus frutos los conoceréis. También la Escritura indica que los diablos creen -tienen conocimiento intelectual de cómo es Dios- y tiemblan -son conscientes de las implicaciones- sin embargo, eso no se traduce en su conducta de cada día. Sería un buen ejercicio de honestidad y crecimiento el escribir quién es Dios para mí y, una vez hecho, identificar qué conductas lo demuestran en la vida cotidiana.


¿Cuál sería el resultado si lo hicieras?

EXAMEN (SALMO 17)

 



Me has sondeado, me has examinado de noche, me has probado y no has h hallado mal alguno. (Salmo 17:3)

En mi experiencia personal dos cosas marcan el día, la manera como lo comienzo y como lo acabo. Precisamente, esta es la enseñanza que nos ofrece el salmista, acabar la jornada viniendo ante la presencia del Señor y permitiendo que Él pueda sondear la forma en que hemos vivido. El día es una unidad de tiempo lo suficientemente pequeña para permitirnos las adecuadas rectificaciones en el rumbo de nuestra vida. Este saludable hábito nos permite que Dios pueda darnos luz, no solo acerca de nuestra conducta, también de nuestras motivaciones, intenciones actitudes, la fidelidad a nuestros valores y, en definitiva, el lugar que ha ocupado en nuestras vidas. Pero estamos hablando de intencionalidad; de tomar la decisión cada día de presentarnos ante el Señor y enfrentar nuestra realidad, nuestros miedos, nuestras contradicciones, nuestras inconsistencias.

¿Cómo terminas tu día? ¿Qué te impide terminarlo de la manera descrita en este comentario?

CONCIENCIA (SALMO 16)


 

Bendeciré al Señor que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. (Salmo 16:7)

Hay muchas maneras por medio de las cuales el Señor nos habla. Una de ellas es nuestra conciencia. Esa voz interior que emite juicios sobre nuestras acciones, omisiones, motivaciones y actitudes. Esa voz que susurra cuando queremos hacer algo que quiebra nuestro código moral, que calla cuando lo estamos llevando a cabo y grita su juicio cuando lo hemos consumado. Sus juicios son inapelables y una vez emitidos es muy, pero que muy difícil que puedan cambiar.

Pero no debemos confundir nuestra conciencia con el Espíritu Santo; son dos cosas muy diferentes. La primera es una construcción totalmente cultural. Se va formando por medio de las enseñanzas, experiencias e imputs que vamos recibiendo a lo largo de nuestra vida. Parte de estos imputs pueden corresponder a la Palabra de Dios, pero no son los únicos que conforman nuestra conciencia. Dios puede hablar a esta, de hecho lo hace por medio de la Biblia, de otros hermanos y también del trabajo directo del Espíritu Santo. 

La conciencia, por usar una metáfora contemporánea, es como un software. Nuestros ordenadores o celulares sólo pueden funcionar en base al software que previamente le hemos cargado. Nuestra conciencia solo puede emitir juicios en base a la información que previamente el hemos cargado. De ahí la importancia de que la Palabra del Señor llene nuestra mente para que la conciencia haga sus juicios en base a la misma, no a la cultura secular o religiosa que nos rodea.


¿Qué software alimenta tu conciencia?

CONTRARIAMENTE (SALMO 16)

 



El Señor es la parte de mi herencia y mi copa, tú eres quien dirige mi destino, me ha tocado una buena porción, mi heredad me deleita. (Salmo 16:5-6)

En este mismo salmo David verbalizó su intención de no seguir a los dioses de su tiempo, no participar de sus valores y no incorporarlos en su vida. Contrariamente, opta por un camino alternativo, opta por el Señor, hace una elección intencional y voluntaria. Yo, podrían ser sus palabras, voy en otra dirección, tomo otro camino, oriento mi vida de otra manera. 

Como resultado de ello hace una declaración de propósito, verbaliza lo que Dios significa para Él en contraste con los ídolos sociales. El Señor es su herencia; es su copa -símbolo de bendición en la Biblia-; quien dirige su destino. David finaliza afirmando que no podría haberle tocado una suerte mejor. 

La lectura de estas afirmaciones del salmista me ha hecho pensar acerca de si puedo decir lo mismo con respecto al Señor ¿Provee la relación con Jesús una plenitud que no cambiaría por nada de lo que me prometen los ídolos sociales? ¿Me considero verdaderamente afortunado de mi heredad? ¿Llena de tal manera mi vida Dios que, no solamente no tengo que buscar un sustituto, sino que su presencia realza e intensifica mi capacidad de disfrutar de las cosas que la vida me da?

¿Cuál sería tu respuesta a estas preguntas?


ÍDOLOS CONTEMPORÁNEOS (SALMO 16)

 



En cuanto a las divinidades de esta tierra: esos poderes que tanto me complacían , esos falsos ídolos tras los que muchos corren, yo no les ofreceré sacrificios ni pronunciaré mi nombre con sus labios. (Salmo 16:3-4)

La idolatría es algo muy sutil. Nos podemos sentir a salvo de ella porque no adoramos imágenes, totenes, esculturas, amuletos u otras cosas físicas. De forma perspicaz, Martín Lutero, el gran reformador alemán, ya afirmó que un dios es cualquier cosa que ocupa el primer lugar en nuestro corazón. Jesús lo indicó de una manera similar al afirmar que donde está nuestro tesoro -ídolo- está nuestro corazón. Si tomamos este concepto más amplio de idolatría podemos ser más rigurosos al hacer un examen de nuestra vida. 

El salmista habla de las divinidades de esta tierra, y eso me lleva a pensar en cuáles son los ídolos, los dioses que nuestra sociedad adora, tras los que corre convencida de que por medio de ellos conseguirá seguridad, propósito, sentido o, como mínimo, algunas gotas de satisfacción por momentánea que estas sean. Hay una amplia oferta que, sin duda, varía de sociedad a sociedad, pero que en la nuestra son, entre otros, el poder, el dinero, el estatus, el placer, el trabajo, las relaciones, el reconocimiento, los likes en Instagram, Facebook o cualquier otra red social. Dioses a los que les dedicamos atención, tiempo -que no es otra cosa que vida- devoción y fidelidad.

¿Cuáles podrían ser tus ídolos? ¿Qué revela un examen profundo en compañía del Espíritu Santo?