CAIN/ AL ACECHO/ GÉNESIS 4

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Entonces Caín se irritó sobremanera y puso mala cara. El Señor le dijo: ¿Por qué te irritas? ¿Por qué has puesto esa cara? Si obraras rectamente llevarías la cabeza bien alta; pero como actúas mal el pecado está agazapado a la puerta acechándote. Sin embargo, tú puedes dominarlo. (Génesis 4:6-7)


El texto indica que a Caín no le hizo ninguna gracia el rechazo de parte de Dios hacia su ofrenda. Su respuesta fue irritación, sentir ira respecto a la situación. El Señor decide intervenir ayudándole a reflexionar acerca de su situación. Las dos preguntas que le hace son potentes, tienen como finalidad generar pensamiento en Caín, ayudarle a ver la situación desde fuera y poder entrar en contacto consigo mismo, con sus sentimientos y tratar de discernir las raíces de su irritación e ira. A continuación, Dios le das dos indicaciones importantes; la primera tiene que ver con la posibilidad de arrepentimiento y cambio. La segunda es una advertencia sobre el peligro de continuar y persistir en su actitud de rabia e irritación. El pecado, le indica el Señor, está alrededor tuyo buscando la oportunidad ¡Has de actuar, has de atajarlo!

La historia de Caín me confronta con mi propia realidad ¿Qué hago cuando la tentación y/o los sentimientos destructivos vienen a mi puerta y llaman? ¿Cómo los gestiono? ¿Cómo los afronto? ¿Qué capacidad tengo de reflexionar, es decir, de inclinarme hacia atrás para ganar distancia y perspectiva y, consecuentemente, poder actuar en consecuencia? En mi experiencia, me doy cuenta que de no hacerlo, de no atajarlo en sus primeros estadios, el pecado que siempre está al acecho tiene una gran capacidad para dominarme en vez de resultar dominado por mí. Aprendo de la experiencia de Caín el verme reflejado en él. Aprendo la necesidad de reflexionar sobre lo que vivo. Aprendo la necesidad de estar prevenido contra un pecado que siempre está al acecho. Aprendo, en fin, que es mi responsabilidad -con la ayuda de Dios- afrontarlo y dominarlo.


Y tú ¿Qué aprendes de Caín?