PARÁBOLAS, PERDIDOS Y HALLADOS, EL HIJO, 2

Esta es una entrada agregada, escrita por Felix Ortiz en MIS PENSAMIENTOS.



Al comenzar este comentario vale la pena recordar que Dios representa al padre de la parábola y su actitud hacia el ser humano en necesidad. La figura paterna es fascinante cuando se estudia. Aquel padre fue gravemente ofendido por su hijo menor. Pedirle en vida la herencia equivalía a decirle: "ojalá estuvieras muerto, así yo podría disfrutar de tus bienes y vivir mi propia vida". A pesar de lo ofensivo de aquellas palabras el padre decidió respetar su deseo y le dio la herencia que, como sabemos por la historia, malgastó viviendo de una forma disipada y desordenada. 

Pero, como todos sabemos, finalmente aquel hijo decidió volver al hogar. El mismo era plenamente consciente que no podía aspirar a recuperar el lugar que había ocupado. Sabía que a lo máximo que podía obtener era  ser acogido como un trabajador, un jornalero; eso al menos le garantizaba un mínimo de dignidad, techo y comida. La historia cuenta que ya de regreso el padre corrió a su encuentro y lo abrazo. Vale la pena tener en cuenta ciertos detalles culturales. La ley de Moisés afirmaba que si un hijo era contumaz y rebelde lo que merecía era la muerte. la historia de aquel hijo era, sin duda, conocida por todos los lugareños. Siguiendo la enseñanza de la ley mosaica, cualquier persona podría haberle quitado la vida al hijo... salvo que el padre le abrazara. Por eso en la parábola el padre corre para abrazar a su hijo y de esa manera preservarle la vida, evitar que alguien pudiera dañarlo tal y como la ley permitía. Pero hay otro detalle que vale la pena tener en cuenta. Correr era algo totalmente indigno para una persona de cierta posición. Sin embargo, a aquel padre no le importó perder su dignidad delante de sus vecinos y conocidos con tal de poder preservar la vida de un hijo que, legalmente, no lo merecía. 

Pero las sorpresas que nos brinda este padre continúan. El texto nos dice que no hizo caso del discurso de arrepentimiento que el hijo había elaborado. Al contrario, ordenó que se le calzara y se le pusiera un anillo y, además, que se prepara fiesta para celebrar el regreso. Todo está lleno de significado. El anillo era símbolo de pertenencia a la familia. Sólo los esclavos iban descalzos. Esas dos órdenes, anillo y zapatos, representan una total redención para ese hijo. La fiesta sirve para expresar la alegría de un hijo que había estado perdido y ahora ha sido hallado. 

La historia es linda, sin duda, pero tal vez observada desde nuestra perspectiva de dos mil años hace que perdamos de vista el increíble precio que tuvo que pagar aquel padre para recuperar a su hijo. Los conocedores de la cultura bíblica nos dicen que un padre en los tiempos de Jesús nunca habría actuado de aquella forma. A los ojos de sus vecinos había perdido su autoridad y dignidad al perdonar a su hijo, había actuado contra el sentido común y la justicia. Sin duda su manera de proceder habría sido motivo de comentario en toda la región y, podemos garantizar, que aquellos comentarios no habrían sido para nada positivos. No olvidemos que incluso su propio hijo censuró su proceder.

Pero así es Dios. Jesús usó esta parábola para mostrar a un Dios que sorprendía a aquellos que escuchaban el relato, un Dios que no actuaba conforme lo que la lógica y el sentido común dictaban. Un Dios lleno de gracia. 


Si estamos llamados a imitar a nuestro Padre ¿De qué forma ha de afectar a tu vida cotidiana saber que Dios es así?