LOS SILENCIO DE DIOS

Esta es una entrada agregada, escrita por Felix Ortiz en MIS PENSAMIENTOS.


Jesús salió de aquel lugar y se dirigió a la comarca de Tiro y Sidón. 2En esto, una mujer cananea que vivía por aquellos lugares vino a su encuentro gritando: — ¡Señor, Hijo de David, ¡ten compasión de mí! Mi hija está poseída por un demonio que la atormenta terriblemente. Como Jesús no le contestaba ni una palabra, los discípulos se acercaron a él y le rogaron: — Atiéndela, porque no hace más que gritar detrás de nosotros. Jesús entonces dijo:— Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Pero la mujer, poniéndose de rodillas delante de Jesús, le suplicó: — ¡Señor, ayúdame! Él le contestó: — No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perros.  Ella dijo: — Es cierto, Señor; pero también los cachorrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces Jesús le respondió: — ¡Grande es tu fe, mujer! ¡Que se haga lo que deseas! Y su hija quedó curada en aquel mismo instante. (Mateo 15:21-28)

¿Por qué Jesús guarda silencio ante la petición de aquella mujer? No es desinterés lo que le mueve, más bien el hecho de que aquella madre pueda tomar conciencia de cuán importante es la petición para ella. Puedo afirmar que cuando algo es realmente significativo para mí y lo deseo, soy capaz de mover cielos y tierra para conseguirlo. Ningún obstáculo me impedirá lograrlo y las barreras no harán sino generar más motivación en mí ¡Así me ha hecho Dios!

La sanidad de su hija era para aquella mujer ¡Como no podía ser de otro modo! alta prioridad y así lo demuestra su insistencia y persistencia a pesar del silencio y la aparente indiferencia de Jesús. No cejó hasta que consiguió aquello que buscaba. Con mucha frecuencia el Señor trabaja por medio de procesos que implican tiempo, su kairos, su momento. Nosotros, hijos de nuestra sociedad queremos las cosas para ayer, de forma instantánea e inmediata y perdemos con facilidad el interés cuando no conseguimos aquello que queremos. El silencio de Dios puede deberse, entre otras cosas, en un deseo de probar la importancia de nuestras peticiones, en un proceso que lleva su tiempo, o en una combinación de ambas cosas. Lo cierto es que aquel que anhela la respuesta del Señor no cejará, como no lo hizo aquella madre, en sus oraciones.


¿Qué demuestra tu manera de orar? ¿Qué aprendes de las cosas que pides y de las que no pides?