PON EN ORDEN TUS ASUNTOS


Por aquel tiempo enfermó gravemente Ezequías. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a visitarlo y le dijo:— Así dice el Señor: Pon en orden tus asuntos, pues vas a morir; no te curarás. (Isaías 38:1)

¡Vaya anuncio que recibió Ezequías de parte de Dios a través del profeta Isaías. A la vez, ¡Qué gran oportunidad! poderse ir habiendo hecho la paz con el Señor, con uno mismo y con los demás. Al leer este pasaje ha venido de inmediato a mi mente la pregunta: ¿Qué asuntos deberías poner en orden si supieras que en breve vas a morir? Pero, llevando el pensamiento un paso más allá, medité acerca de la no necesidad de esperar un anuncio como el de Ezequías para poner mis asuntos en orden. Entendí que esta es una invitación que podemos plantearnos cada cierto tiempo para asegurarnos que no estamos viviendo con, llamémosle de alguna manera, "asuntos pendientes". Porque Ezequías tuvo la bendición de recibir el aviso de parte de Dios y con el mismo la oportunidad de arreglar sus cosas; sin embargo, a nosotros la muerte podríamos llegar sin tiempo para arreglar aquello que está pendiente. 

¿Qué está pendiente todavía en tu vida?

VASOS DE BARRO



Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que se vea que la excelencia del poder es de Dios, y no de nosotros, (2 Corintios 4.:7)


En la mítica película, Indiana Jones, la última cruzada, Indi va en busca del Santo Grial, la copa en la cual, según las leyendas de la Edad Media, Jesús celebró la última cena con sus apóstoles. Al final de la película su padre está gravemente herido y sólo puede sanarse si bebe agua en el Santo Grial. Indiana se encuentra delante de multitud de copas de oro, plata y engastadas con todo tipo de joyas; griales todos ellos de alto valor y entre los cuales debe escoger cuál es el auténtico que usó Jesús con sus discípulos; sólo así su padre podrá ser salvado. Sin embargo, entre la multitud de copas enjoyadas hay una simple y sencilla copa de barro. Indiana hace la deducción correcta, alguien como Jesús sólo habría podido usar un recipiente de semejante sencillez. La toma, da de beber a su padre y, como no podía ser de otro modo, éste se salva y todos contentos. 

Esto es precisamente lo que Pablo quiere enseñarle a los Corintios; Dios, en su gracia y misericordia, ha escogido a lo vil y menospreciado del mundo. El Señor no nos ha escogido por lo que somos, sino, como nunca me cansaré de afirmar, a pesar de lo que somos. De esta manera queda en evidencia que el trabajo y el mérito únicamente es atribuible al Señor nuestro Dios. Si el Señor nos amó y escogió en nuestra realidad y miseria haríamos bien en reconocerla y aceptarla. Hacer ambas cosas es el punto de partida imprescindible para que Dios pueda hacer en nosotros una obra transformadora, poco a poco, paso a paso, hasta que cada día más nos podamos parecer a Jesús y su vida sea más evidente en nosotros. 

ESCOGER LAS PELEAS



Porque esta batalla no la libráis vosotros, sino Dios (2 Crónicas 20:15)


La vida está llena de batallas y, probablemente, una de las cosas más decisivas es tener el suficiente discernimiento para saber determinar cuáles debemos pelear, porque son nuestras, y cuáles hay que saber dejarlas en las manos de Dios porque son suyas. No siempre es fácil. Mi experiencia pastoral me ha hecho tomar conciencia de que muchas personas se desgastan hasta la extenuación luchando aquellas que le corresponden al Señor, aquellas sobre las que tienen poco o nulo control y, sin embargo, sorprendentemente no hacen nada o bien poco sobre aquellas que si lo están. No cabe duda que se trata de un error de discernimiento que nos produce mucha frustración e insatisfacción en nuestra vida. Es fácil, cuando somos gente orientada a la acción, lanzarnos contra los problemas con todo nuestro arsenal sin un previo análisis de la situación para ver a qué categoría corresponde el desafío que tenemos por delante. No queremos entrar en un diálogo con el Señor que nos de discernimiento para determinar si es suya o nuestra la batalla, si debemos enfrentarla o, simplemente, dejarla en sus manos con una actitud de descanso activo, es decir en oración y espera de su intervención, en acción de gracias por lo que Él hará. 

Cuando leía este pasaje no me ha sido nada difícil identificar al menos dos batallas que le corresponden al Señor y, por tanto, no voy a desgastarme más luchando aquello que no me corresponde. Esperaré confiado en su intervención y las fuerzas liberadas podrán ir a aquellas batallas -pasar más tiempo con Él, servir más otros, etc.,- que si me corresponden a mí.


¿Qué batallas estás luchando?

¿CÓMO PROTEGER EL CORAZÓN?



Guardo tus palabras en mi corazón para así no pecar contra ti. (Salmo 119:11)


David fue a enfrentarse al gigante Goliat y, siguiendo los dictados del sentido común, Saúl sugirió que utilizara su armadura para protegerse de aquel monstruo. En español tenemos un dicho para referirnos a algo cuando esto es grotesco; el dicho afirma así: "Es como ponerle a un santo dos pistolas". Así se sentía el pobre pastorcillo David, ni siquiera se podía mover dentro de la coraza y las protecciones que con toda buena voluntad le había proporcionado el rey. 

No hay duda que todos nos vemos inmersos en una batalla espiritual y ésta pugna porque el control de nuestros corazones porque, tal y como nos enseñaba la Escritura, de los mismos mana la vida. Quien ejerce influencia sobre el corazón determina cómo será nuestro estilo de vida. Hay, por tanto, que proteger el corazón y la Palabra nos da la pauta para hacerlo: guardar dentro del mismo la Palabra del Señor. Cuando la Palabra está residiendo en nuestro corazón y, además, tenemos una actitud de obediencia hacia la misma, esta es una protección infalible para no pecar contra el Señor y no ceder antes las presiones y tensiones de la vida cotidiana.

Sepas que si no pasas tiempo en la lectura, meditación, memorización y, naturalmente aplicación de las Escrituras, estás dejando tu corazón vulnerable a todos los ataques del enemigo. Podría ser que la ausencia de lo que acabo de mencionar explico el caos de tu vida.




Recogida de juguetes y alimentos

Gracias a todos los que habéis colaborado este año con vuestras aportaciones de juguetes y alimentos de este año.

La iglesia colabora con la recogida de juguetes a nivel de todo el barrio del Poblenou. El Esplai La Flor de Maig coordina la recogida y estos juguetes son repartidos entre las familias con más necesidad de nuestro barrio.

EN CALMA



Estoy en calma, estoy tranquilo, como un niño en el regazo de su madre, como un niño, así estoy yo. Confía en el Señor, Israel, desde ahora y para siempre. (Salmo 131:2-3)



La paz, al menos en las Escrituras, nunca es la ausencia de conflictos, problemas o circunstancias adversas; siempre es experimentar calma, sosiego y descanso en medio de todo lo anterior. No es negar lo evidente, no es minimizar los problemas, no es simplemente pensamiento positivo. La paz consiste en descansar en el Dios que controla y gobierna el universo, aquel que es mayor que toda circunstancia, aquel que no ha prometido necesariamente librarnos de las mismas, pero siempre estar presente en medio de ellas. 

Hay una fórmula infalible para experimentar esa paz, sin embargo, pocos la creen y menos la practican. Son varios pasos muy sencillos: 1. Reconoce aquello que te roba la paz, no lo niegues, ignores o reprimas.  2. Ponle nombre y apellidos ¿Qué es lo que te roba la paz? ¿Circunstancias, eventos, personas, situaciones, decisiones?  3. Identifica los sentimientos que eso provoca en ti: ¿Miedo, inseguridad, angustia, desánimo, frustración, rabia, impotencia?  4. Llévalo todo ello al Señor.  5. Llévalo de nuevo, de nuevo y de nuevo, tantas veces como sea necesario.

¿Sabes lo que he aprendido a lo largo de mi dilatada vida? Que las personas no lo creen; llevan como máximo una o dos veces las cosas ante Dios y como los sentimientos negativos persisten, ellos dejan el proceso y nunca experimentan la calma de Dios.

¿Y tú?

LENTEJAS



No hagáis caso a Ezequías, puesto esto dice el rey de Asiria: "Haced la paz conmigo y rendíos a mí; de esta manera cada cual podrá seguir comiendo los frutos de parra y de su higuera; y podrá seguir bebiendo agua de su pozo. (Isaías 36:16)


He puesto por título a esta entrada "lentejas" porque no he podido evitar el asociar el pasaje bíblico reproducido más arriba con la historia de Esaú y Jacob, donde el primero vendió e hipotecó su futuro por la gratificación inmediata de una necesidad física. Esta misma fue la disyuntiva ante la que se encontró el pueblo de Judá; vender la fidelidad al Señor a cambio de poder seguir manteniendo su estilo de vida pequeñoburgués. Integridad a cambio de bienestar; renunciar a las convicciones propias a cambio de seguir teniendo acceso a una forma de vivir carente de compromisos y riesgos. 

Desde entonces, tengo la impresión que los seguidores de Jesús nos vemos en muchas ocasiones en situaciones similares; una sociedad que nos promete todo tipo de bienestar y de satisfacer nuestras necesidades físicas, emocionales e intelectuales si tan sólo renunciamos a nuestra fidelidad a Dios y se la otorgamos al actual sistema social con sus valores, prioridades y paradigmas de vida. Esto último sería lo que la Biblia define como amar al mundo. Mundo -salvo que el contexto indique lo contrario- es el sistema social y cultural imperante. 

Piénsalo bien es posible que en el pasado hayas estado sometido a esa presión, el intercambio de gratificación por integridad ¿Cómo se resolvió? Es posible que lo estés experimentando ahora ¿Cómo lo estas resolviendo? Te profetizo que lo experimentarás en el futuro ¿Cómo lo resolverás?

ABRIR LOS OJOS



Luego (Eliseo) oró así: Señor, ábrele los ojos para que pueda ver. El Señor abrió los ojos del criado y este vio que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo. (2 Reyes 6:17)


El versículo hace referencia a un episodio vivido por el profeta Eliseo y su ayudante. El rey de Siria, harto de que el profeta actuara como un servicio privilegiada de inteligencia militar, decidió apresarlo. Cuando se enteró de la población donde estaba ubicado la rodeó con un fuerte contingente de soldados de infantería, caballería y blindados. Cuando el pobre ayudante se levantó por la mañana y fue a las murallas se encontró con el espectáculo de que estaban irremisiblemente perdidos ya que no había escapatoria posible. Raudo corrió a comunicarlas las malas nuevas al profeta, el cual reaccionó como describe el versículo.

La aplicación para nuestras vidas es evidente, clara y directa. Hay realidades espirituales para las cuales hemos perdido la percepción pero, que, sin embargo están ahí. Una de las consecuencias del pecado, es decir, de nuestra decisión de vivir al margen del Señor, es que nacemos tarados espiritualmente hablando. Nacemos con una limitación severa para percibir las realidades espirituales y esto, naturalmente, nos afecta en nuestra vida cotidiana porque creemos que no hay más realidad que aquella que percibimos y experimentamos con nuestros cinco sentidos. Somos ciegos espiritualmente, incluso aquellos que somos seguidores de Jesús. En nuestro caso, el proceso de madurar espiritualmente consiste, precisamente en crecer en nuestra capacidad de percibir, experimentar y vivir las realidades espirituales que están ahí y no podemos percibir. Necesitamos que el Señor abra nuestros ojos para ver lo invisible porque, no olvidemos, en esta vida caminamos viendo con los ojos de la fe. Por fe -confianza- afirma el apóstol, caminamos, es decir, vivimos, no por vista.

Cuando te sientas abrumado, desbordado, carente de perspectiva ante una realidad que te supera, ora pidiendo al Señor que abra tus ojos para que puedas ver todo aquello que sólo es perceptible desde la fe.

ABRIR LOS OJOS



Luego (Eliseo) oró así: Señor, ábrele los ojos para que pueda ver. El Señor abrió los ojos del criado y este vio que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo. (2 Reyes 6:17)


El versículo hace referencia a un episodio vivido por el profeta Eliseo y su ayudante. El rey de Siria, harto de que el profeta actuara como un servicio privilegiada de inteligencia militar, decidió apresarlo. Cuando se enteró de la población donde estaba ubicado la rodeó con un fuerte contingente de soldados de infantería, caballería y blindados. Cuando el pobre ayudante se levantó por la mañana y fue a las murallas se encontró con el espectáculo de que estaban irremisiblemente perdidos ya que no había escapatoria posible. Raudo corrió a comunicarlas las malas nuevas al profeta, el cual reaccionó como describe el versículo.

La aplicación para nuestras vidas es evidente, clara y directa. Hay realidades espirituales para las cuales hemos perdido la percepción pero, que, sin embargo están ahí. Una de las consecuencias del pecado, es decir, de nuestra decisión de vivir al margen del Señor, es que nacemos tarados espiritualmente hablando. Nacemos con una limitación severa para percibir las realidades espirituales y esto, naturalmente, nos afecta en nuestra vida cotidiana porque creemos que no hay más realidad que aquella que percibimos y experimentamos con nuestros cinco sentidos. Somos ciegos espiritualmente, incluso aquellos que somos seguidores de Jesús. En nuestro caso, el proceso de madurar espiritualmente consiste, precisamente en crecer en nuestra capacidad de percibir, experimentar y vivir las realidades espirituales que están ahí y no podemos percibir. Necesitamos que el Señor abra nuestros ojos para ver lo invisible porque, no olvidemos, en esta vida caminamos viendo con los ojos de la fe. Por fe -confianza- afirma el apóstol, caminamos, es decir, vivimos, no por vista.

Cuando te sientas abrumado, desbordado, carente de perspectiva ante una realidad que te supera, ora pidiendo al Señor que abra tus ojos para que puedas ver todo aquello que sólo es perceptible desde la fe.

DECISIONES



¡Ay de los que bajan a Egipto para buscar quien los ayude, de los que en sus caballos se apoyan! Confían en la abundancia de carros de guerra y en la gran fortaleza de los jinetes, no hacen caso del Santo de Israel ni van a consultar al Señor. (Isaías 31:1)


Decisiones, decisiones; la vida está llena de ellas. Algunas intrascendentes, carentes de importancia. Otras, pueden marcar nuestras vidas y las de nuestros seres queridos. ¿Hacia qué o quién nos volvemos cuando hemos de tomar decisiones? ¿En qué o quién nos orientamos? ¿En qué o en quién encontramos los criterios que nos permitan la elección adecuada? ¿Es nuestro sentido común suficiente garantía para apoyarnos en él? ¿Merecen suficiente valor las opiniones de aquellos que nos rodean? ¿En qué se basan estos para hacer válido su consejo, de dónde proviene su sabiduría?

A la hora de tomar decisiones de calado estas y otras preguntas son dignas de ser tenidas en cuenta. Por medio de Isaías el Señor se queja de que no le hagamos caso ni le consultemos a la hora de decidir. Nos basamos, como dice el libro de Proverbios, en nuestra propia capacidad, sabiduría y prudencia, en vez de confiar en el consejo del Señor. Es cierto que su consejo, en ocasiones, parece locura y nos enfrenta contra la lógica humana. El sentido común, la razón nos empuja en una dirección, la fe, en la contraria. Pero el Señor no nos ha dejado en un vacío a la hora de tomar decisiones. Nos ha dado, por un lado, su Palabra; por el otro, el Espíritu Santo, quien vive en nosotros y que, según prometió Jesús, nos guiará a toda la verdad y nos enseñará todas las cosas.

Es difícil tomar decisiones importantes en la vida. Sin embargo, a menudo, la dificultad se ve incrementada por el hecho de que ni buscamos orientación en la Palabra ni nos paramos a escuchar al Espíritu de Dios; no es más fácil bajar a Egipto.


¿Qué lugar ocupa Dios en tu toma de decisiones? ¿El consejo del Señor o tu propia prudencia?