ECLESIASTÉS: ACUÉRDATE DE DIOS



Ten en cuenta a tu creador en tus días de juventud, antes de que lleguen los días malos y se acerquen los años en los que digas: "no siento ningún placer" (Eclesiastés 12:1)


La vida no se ve de la misma manera a las 20 que a las 60. Hay una época en que el horizonte es amplio y todo está lleno de potencialidades y posibilidades. La experiencia enseña que, para la mayoría de los seres humanos, conforme la vida va pasando va imponiendo su terrible lógica y ese horizonte se va haciendo más y más pequeño, las posibilidades se van reduciendo y llega un momento en que, más o menos, uno ya tiene conciencia de lo que la vida dará de sí. Quedan entonces pequeñas ilusiones, un viaje, una aventura, una relación; pequeñas cosas que nos vayan alterando el tedio cotidiano. 

La Palabra nos invita a acordarnos y tener presente a Dios en los días de nuestra juventud. Lamentablemente son aquellos mismos días en que debido a las inmensas posibilidades que hay por delante tenemos la tendencia a pensar que no lo necesitamos; podemos encontrarle sentido, propósito y plenitud a la vida por nosotros mismos. Conforme nos adentramos en una búsqueda de sentido a la vida sin Dios, nuestro corazón se va haciendo paulatinamente más y más duro, hasta que llega un momento que se vuelve refractario a la influencia del Señor. Pero esto sucede cuando las posibilidades futuras se van limitando o incluso totalmente agotando y cada vez cuesta más trabajo encontrarle sentido a la vida.

Conocer a Dios y darle juego en nuestras vidas cuando estamos en nuestros mejores años, lejos de convertirse en un límite o una restricción, constituye un acelerador o potenciador que permite sacarle más y más jugo a nuestro proyecto vital y cuando éste está llegando a su final poder mirar hacia atrás con un sentido de profunda satisfacción y realización.

¿Qué juego tiene Dios en tu vida?

ECLESIASTÉS: FORMAS DE SER



Echa tu pan sobre las aguas y al cabo del tiempo lo reencontrarás. (Eclesiastés 11:1)


O tal vez no. La idea que me sugiere este pasaje es que tarde o temprano aquello que hacemos, la forma en que vivimos, nos hace una devolución y recibimos aquello que, por decirlo de alguna manera, sembramos. Eso puede llevarnos a una actitud pragmática ante la vida que podría resumirse del siguiente modo: "hagamos el bien porque paga mejores dividendos que el mal; evitemos este último para ahorrarnos las consecuencias negativas de su práctica!. Pero la realidad de la vida nos indica que muchos que hacen el bien no reciben la recompensa esperada; del mismo modo, muchos que obran mal no parecen recibir el castigo merecido. Vamos que en esta vida afectada por el pecado la relación causa efecto no siempre es clara ni matemática.

¿Qué hacer pues? Sin duda seguir practicando el bien. Pero no por los potenciales o posibles beneficios que podamos obtener de ello, sino porque como hijos de Dios es lo que nos corresponde hacer en imitación de nuestro Padres que hace el bien constante e indiscriminadamente. Del mismo modo dejar de hacer el mal; nuevamente no para evitar los posibles perjuicios de su práctica, sino nuevamente porque es nuestra forma natural de vivir, a la que hemos sido llamados. De hecho, la autentica firmeza de carácter se da cuando la práctica del bien, no sólo no nos beneficia, sino que nos afecta, y la abstención del mal, no sólo no nos libra de sus efectos dañinos, sino que es precisamente el no practicarlo lo que nos perjudica.

En definitiva, hacer el bien es, o debería ser, mi forma natural de vivir.

¿Y cuál es la tuya?

ECLESIASTÉS: PARADOJAS



He visto además bajo el sol que los veloces no ganan siempre la carrera, ni los valientes la guerra, ni los sabios tienen sustento, ni los inteligentes riqueza, ni los instruidos estima, pues en todo interviene el tiempo y el azar. (Eclesiastés 9:11)


Siempre me han causado admiración aquellos que ven la vida en blanco y negro y para los que no existen ningún tipo de matices grises. Su acercamiento a la realidad es radical y extremo y no admite ningún tipo de términos medios. Desde su interpretación los buenos siempre son bendecidos y los malos nunca pueden ser felices. Lo cierto es que la vida es mucho más complicada y paradójica de lo que esos bien pensados quieren aceptar y reconocer. De eso, precisamente, va el texto de Eclesiastés aquí reproducido, de aquellas paradojas que no encajan con lo que el sentido común nos dice que debería ser la manera natural de desarrollarse. 

El salmista nos dice que estuvo a punto de perder la fe al ver lo bien que le iba a los injustos y lo mal que lo pasaban los justos. Llegó a plantearse si realmente valía la pena mantener la fe. El apóstol Pablo indicó que cualquiera que desee vivir de forma piadosa debe estar listo para sufrir persecución. También Pedro nos indica que parte del llamado del cristiano es al sufrimiento por el mero hecho de practicar el bien y ser seguidor del Maestro. Precisamente indica que Jesús es el modelo de ese tipo de sufrimiento injusto.

En definitiva, seguir a Jesús es una opción por ser una persona nueva, un imitador del Maestro, alguien que refleja su carácter y forma de ser a través de la vida cotidiana, un agente de restauración y reconciliación para un mundo roto. En ocasiones eso significará experimentar la injusticia, el rechazo, la marginación e incluso la persecución tal y como la experimentó Jesús. Él prometió estar con nosotros en medio de todo eso, nunca el librarnos de ello. 


¿Cómo manejas las paradojas en tu vida?

ECLESIASTÉS: DISFRUTA



Anda, come con alegría tu pan
y bebe contento tu vino,
porque Dios ya ha aprobado tus obras.
Ponte en todo momento vestidos blancos
y que no falte perfume en tu cabeza.
Disfruta de la vida con la mujer amada
durante esta efímera existencia
que se te ha dado bajo el sol,
porque esa es tu recompensa en la vida
y en las fatigas que pasas bajo el sol.
Todo lo que esté a tu alcance,
hazlo con todas tus fuerzas,
pues no hay actividad, ni razón,
ni ciencia, ni sabiduría
en el reino de los muertos adonde te encaminas.
(Eclesiastés 9:7-10)

Sin palabras, el texto habla por sí solo.


ECLESIASTÉS: DEFECTUOSOS


Mira lo único que he averiguado: Dios hizo al ser humano perfecto, pero ellos se buscaron excesivas complicaciones. (Eclesiastés 7:29)


No hay la menor duda, vivir con uno mismo es la aventura más difícil y desafiante. Podemos intentar escapar de Dios e ignorar a los otros; pero 24/7 debemos de vivir con nosotros mismos, no podemos escapar de quiénes somos, de nuestra realidad. Y la mayoría de las ocasiones nuestra realidad no es precisamente para tirar cohetes. Personalmente, a pesar de muchos, muchos años de seguimiento de Jesús, sigo teniendo inconsistencias, incoherencias, inmadureces y tendencias que me sorprenden a mí mismo. Entiendo perfectamente lo que Pablo tenía en mente cuando afirmó: "Miserable de mí, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?".

Si, como afirma la Escritura, Dios nos hizo perfectos ¿Qué falla entonces? Pues el pecado. Nosotros no somos aquello que el Señor tenía en mente, somos el producto del pecado. Somos un proyecto fallido de humanidad. Porque el pecado ha afectado todas las dimensiones de nuestra humanidad. Nos equivocamos plenamente cuando consideramos que el pecado es únicamente una cuestión de tipo espiritual o sexual. Antes al contrario, es un cáncer que ha invadido y afectado todas y cada una de las dimensiones de nuestra humanidad y nos ha convertido en el guiñapo que somos. Personas retorcidas, defectuosas, afectadas por un mal interior que deforma nuestra humanidad y que nos hace necesitar la intervención externa de Dios para hacer de nosotros hombres nuevos.


¿Qué evidencias del pecado ves en tu proyecto vital?

ECLESIASTÉS: EL VALOR DE AMBOS



En el día de felicidad, se feliz; en el día de adversidad, reflexiona; uno y otro los ha hecho Dios. (Eclesiastés 7:14)


La vida, es como es, no como necesariamente quisiéramos que fuera. Como en un juego de cartas, uno debe hacer la mejor partida posible con aquellos naipes que le han tocado en suerte. Ni siquiera tenemos la capacidad de escoger dónde nacemos, en qué contexto nos desarrollamos. Para la mayoría de nosotros es muy tarde en la vida cuando comenzamos a tener la capacidad de tomar nuestras propias decisiones; además, todos sabemos por experiencia, que no siempre estas son acertadas ni sus consecuencias las deseadas. 

El autor de Eclesiastés nos dice que aprovechemos la vida tal y como viene. Los días de felicidad debemos aprovecharlos y gozarlos porque vienen de Dios y hacen que la vida tenga más sentido y propósito. Pero también los de adversidad vienen del Señor y también estos tienen su propósito y razón de ser. La adversidad nos permite tener otra mirada, otra perspectiva. Nos invita a la reflexión -inclinarse para atrás para ganar distancia y comprensión- sin la cual sería difícil poder tener una comprensión completa de la vida.

Así pues, cuando hay gozo, hay que disfrutar; cuando hay adversidad, hay que reflexionar ¿Qué nos quiere enseñar Dios por medio de las circunstancias adversas? ¿Qué nos enseñan estas acerca de la vida, Dios y nosotros mismos? ¿Qué cambios nos invita la adversidad a llevar a cabo?

ECLESIASTÉS: IMPACTO



Según salió del vientre de su madre, así volverá: tan desnudo como vino, sin llevarse en la mano nada de lo que sacó con sus fatigas. También esto es una gran desgracia: que se irá como vino ¿Y que ganancia sacará de haberse fatigado inútilmente? Consumir todos sus días a oscuras, entre grandes disgustos, dolor y rabia. (Eclesiastés 5:14-16)


Comienza el año 2018 y soy plenamente consciente de que me queda ya uno menos para llegar al fin. Mentalmente hay una época en la vida en que uno va hacia arriba y otra, en la que me encuentro, en la que se tiene plena conciencia de ir hacia abajo :-)

En esta etapa uno piensa con más frecuencia en aquello que dejará atrás cuando desaparezca. Eclesiastés nos enseña, y también la experiencia, que nada material nos acompañará; nos iremos como vinimos, con las manos totalmente vacías. Si nada nos podemos llevar ¿En qué vale la pena invertir nuestra vida, nuestro tiempo y esfuerzos? Es mi convicción que la mejor manera de hacerlo es producir un impacto en la vida de otros. Ayer en la noche meditaba acerca de ello y pensaba que al final, lo que verdaderamente cuenta, es si este mundo es un poco, aunque sólo sea un poquito, mejor debido al paso de uno. Si hemos podido ser de bendición en la vida de otros; si hemos podido ser agentes de restauración y reconciliación en la vida de otras personas. Ese impacto, esa huella, es probablemente lo único que quedará y habrá valido la pena. Será paradójicamente lo único que podremos llevarnos y a, la vez, dejar.

Hay personas que cuando desaparezcan el mundo quedará indiferente; otras que el mundo respirará aliviado porque al fin se fueron. Otras que el mundo lamentará su ausencia. Cada uno debe elegir en que categoría encajar.


¿Qué impacto produces? ¿Cuál quieres producir este año?

SER SEMEJANTE A ÉL 1/1/2018



Algún día seremos semejantes a Él (1 Juan 3:3)


Un año recién acabó y otro, 2018, recién comenzó. Si al final del mismo no somos más semejantes, más parecidos a Jesús, habrá sido un año totalmente perdido como es posible que lo haya sido el que justo pasó. No importa cuántos cultos, estudios bíblicos, reuniones de alabanza, ayunos y oraciones hayamos acumulado; si todo ello no nos ha ayudado a que Jesús sea más evidente en nuestra vida y así lo puedan percibir otros ¡Año perdido!

Desde hace unos pocos años trato de ser intencional en ese sentido. Al comienzo de cada nuevo año, como en estos momentos, pienso en un aspecto del carácter del Maestro, de su vida y ministerio que deseo cultivas e imitar. Naturalmente no voy a despreciar las oportunidades que el diario vivir generé y que me permitan experimentar y desarrollar a Jesús en mí; pero hay algo en lo que deseo ser proactivo, intencional, tenaz. Este año lo declaro para mí el año del Espíritu Santo. Quiero experimentarlo más y mejor. Deseo ser más sensible a su guía, dirección e intervención en mi vida y mi ministerio. Deseo estar más abierto a que actúe en mí y a través mío.

Te invito a que pienses que aspecto de Jesús deseas cultivar este año en tu vida pues como el refrán dice, quien nada busca nada encuentra. Y, si quieres, dímelo en forma de comentario, será un buen motivo para orar por ti.







ECLESIASTÉS: ESCUCHA



Cuando vayas al templo, vigila tus pasos: si te acercas hazlo para escuchar y no para ofrecer sacrificios propios de necios que ignoran que obran mal. (Eclesiastés 4:17)


Hace muchos años vi, en uno de los diarios de mi país, un chiste de un humorista que se llama Máximo. En el mismo Dios estaba con aire triste hablando con un ángel y le decía lo siguiente: "El problema de este mundo no es que yo no hable, es más bien que nadie me escucha". Me pareció y me sigue pareciendo muy acertado. La pobreza de la vida devocional de muchos de los seguidores de Jesús es apabullante y motivo de mucha tristeza. Somos totalmente unidireccionales, le hablamos, le cantamos, le adoramos, le suplicamos pero, desgraciadamente, pocas veces ¡Si alguna! nos paramos a escucharle y tratar de averiguar qué quiere, qué piensa, qué consejo, qué orientación tiene para las situaciones o experiencias que vivimos. 

Jesús, en el capítulo 10 del evangelio de Juan afirmó en varias ocasiones que nosotros tendríamos la oportunidad de escuchar su voz y de reconocerla. Sin embargo, para ello es preciso concentración, silencio e intencionalidad. Cosas, todas ellas, que parecen costarnos un montón. El autor de Eclesiastés nos invita pues a escuchar más y más al Señor, discernir su voz y, consecuentemente, su voluntad. No es osado afirmar que Él desea más escucha de tu parte y menos alabanzas vacías.


¿Cómo está tu capacidad de escuchar a Dios?

ECLESIASTÉS: COMPAÑÍA



Mejor dos que uno, pues obtienen mayor recompensa en sus fatigas. Porque, si caen, uno levantará al otro. Pero, ¡Ay si uno cae sin tener a nadie que lo levante! Si dos se acuestan juntos se calientan; pero uno solo ¿Cómo se calentará? Uno puede ser vencido; dos, en cambio, resisten mejor; pues no se rompe fácilmente una cuerda de tres cabos. (Eclesiastés 4:10-12)


Es interesante las asociaciones que hace la mente. Al leer este pasaje, donde claramente se enfatiza la importancia de la comunidad, pensé rápidamente en el libro de Génesis cuando Dios afirma que: "no es bueno que el hombre esté sólo". El ser humano ha sido definido como un animal social, necesitado de la comunidad para su supervivencia. Es por eso que la fe cristiana tiene una dimensión comunitaria. No existe tal cosa como un seguimiento individual, personal del Maestro al margen del aspecto comunitario. Ciertamente somos salvados de forma individual y personal, pero para ser agregados a un cuerpo, un pueblo, una familia. El pasaje de Eclesiastés nos detalla algunas de las ventajas de ese vínculo comunitario.

Pero, como afirmaba anteriormente, es interesante qué tipo de asociaciones genera la mente. Al pensar en las palabras dichas por Dios en Génesis y más arriba reproducidas, también vino a mi pensamiento la afirmación: "más vale estar solo que mal acompañado". Creo que es cierto. La compañía de otros es buena y necesaria cuando genera una sinergia que nos empuja hacia el bien y el caminar con Dios. Lamentablemente, y también en los círculos cristianos, la compañía genera todo lo contrario a lo que debería generar. En vez de ser una influencia para el bien y el seguimiento del Maestro, lejos de animar al amor y a las buenas obras, nos estimulamos al mal y le hacemos el juego a Satanás generando círculos de destrucción y no de edificación. 


¿De qué dinámicas participas tú?